Blog de Literatura - Fomentando la Lectura

lunes, 16 de diciembre de 2013

Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XXVI, XXVII y XXVIII

Viene de  Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XXIII, XXIV y XXV





XXVI

Cuando me llegó mi turno
dige entre mi: “¡ya me toca!”
3525 y aunque mi falta era poca,
no sé porque me asustaba;
les asiguro que estaba
con el Jesus en la boca.

Me dijo que yo era un vago,
3530 un jugador, un perdido;
que dende que fi al partido
andaba de picaflor;
que habia de ser un bandido
como mi antesucesor.

3535 Puede que uno tenga un vicio,
y que de él no se reforme;
mas naides está conforme
con recibir ese trato:
yo conocí que era el ñato
3540 quien le habia dao los informes.

Me dentró curiosidá,
al ver que de esa manera
tan siguro me dijiera
que fue mi padre un bandido;
3545 luego lo habia conocido,
y yo inoraba quien era.

Me empeñé en aviriguarlo,
promesas hice á Jesus:
tube, por fin, una luz,
3550 y supe con alegria
que era el autor de mis dias
el guapo sargento Cruz.

Yo conocia bien su historia
y la tenia muy presente,
3555 sabia que Cruz bravamente,
yendo con una partida,
habia jugado la vida
por defender á un valiente.

Y hoy ruego á mi Dios piadoso
3560 que lo mantenga en su gloria;
se ha de conservar su historia
en el corazon del hijo:
el al morir me bendijo,
yo bendigo su memoria.

3565 Yo juré tener enmienda
y lo consegui deveras;
puedo decir ande quiera
que si faltas he tenido
de todas me he corregido
3570 dende que supe quien era.

El que sabe ser buen hijo
a los suyos se parece;
y aquel que á su lado crece
y á su padre no hace honor,
3575 como castigo merece
de la desdicha el rigor.

Con un empeño costante
mis faltas supe enmendar;
todo conseguí olvidar,
3580 pero, por desgracia mia,
el nombre de Picardia
no me lo pude quitar.

Aquel que tiene buen nombre
muchos dijustos ahorra;
3585 y entre tanta mazamorra
no olviden esta alvertencia:
aprendí por esperencia
que el mal nombre no se borra.

XXVII

He servido en la frontera,
3590 en un cuerpo de milicias;
no por razon de justicia,
como sirve cualesquiera.
La bolilla me tocó
de ir á pasar malos ratos
3595 por la facultá del ñato,
que tanto me persiguió.
Y sufrí en aquel infierno
esa dura penitencia,
por una malaquerencia
3600 de un oficial subalterno.
No repetiré las quejas
de lo que se sufre allá;
son cosas muy dichas yá
y hasta olvidadas de viejas.
3605 Siempre el mesmo trabajar,
siempre el mesmo sacrificio,
es siempre el mesmo servicio,
y el mesmo nunca pagar.
Siempre cubiertos de harapos,
3610 siempre desnudos y pobres;
nunca le pagan un cobre
ni le dan jamas un trapo.
Sin sueldo y sin uniforme
lo pasa uno aunque sucumba;
3615 conformesé con la tumba
y si nó... no se conforme.
Pues si uste se ensoberbece
o no anda muy voluntario,
le aplican un novenario
3620 de estacas... que lo enloquecen.
Andan como pordioseros,
sin que un peso los alumbre,
porque han tomao la costumbre
de deberle años enteros.
3625 Siempre hablan de lo que cuesta,
que alla se gasta un platal;
pues yo no he visto ni un rial
en lo que duró la fiesta.
Es servicio estrordinario
3630 bajo el fusil y la vara,
sin que sepamos que cara
le ha dao Dios al comisario.
Pues si vá á hacer la revista,
se vuelve como una bala,
3635 es lo mesmo que luz mala
para perderse de vista.
Y de yapa cuando va,
todo parece estudiao:
va con meses atrasaos
3640 de gente que ya no está.
Pues ni adrede que lo hagan
podrán hacerlo mejor:
cuando cai, cai con la paga
del contingente anterior.
3645 Porque son como sentencia
para buscar al ausente,
y el pobre que está presente
que perezca en la endigencia.
Hasta que tanto aguantar
3650 el rigor con que lo tratan,
o se resierta, ó lo matan,
o lo largan sin pagar.
De ese modo es el pastel,
porque el gaucho... ya es un hecho,
3655 no tiene ningun derecho,
ni naides vuelve por él.
¡La gente vive marchita!
si viera, cuando echan tropa,
les vuela á todos la ropa
3660 que parecen banderitas.
De todos modos lo cargan
y al cabo de tanto andar,
cuando lo largan, lo largan
como pa echarse á la mar.
3665 Si alguna prenda le han dao,
se la vuelven á quitar:
poncho, caballo, recao,
todo tiene que dejar.
Y esos pobres infelices,
3670 al volver á su destino,
salen como unos Longinos
sin tener con que cubrirse.
A mí me daban congojas
el mirarlos de ese modo,
3675 pues el mas aviao de todos
es un perejil sin hojas.
Aura poco ha sucedido,
con un invierno tan crudo,
largarlos á pié y desnudos
3680 pa volver á su partido.
Y tan duro es lo que pasa,
que en aquella situación
les niegan un mancarron
para volver á su casa.
3685 ¡Lo tratan como á un infiel!
completan su sacrificio
no dandolé ni un papel
que acredite su servicio.
Y tiene que regresar
3690 mas pobre de lo que jué,
por supuesto á la mercé
del que lo quiere agarrar.
Y no avirigüe despues
de los bienes que dejó:
3695 de hambre, su muger vendió
por dos lo que vale diez.
Y como están convenidos
a jugarle manganeta,
a reclamar no se meta
3700 porque ese es tiempo perdido.
Y luego, si á alguna Estancia
a pedir carne se arrima,
al punto le cain encima
con la ley de la vagancia.
3705 Y ya es tiempo, pienso yó,
de no dar mas contingente;
si el Gobierno quiere gente,
que la pague y se acabó.
Y saco ansi en conclusion,
3710 en medio de mi inorancia,
que aquí el nacer en Estancia
es como una maldicion.
Y digo, aunque no me cuadre
decir lo que naides dijo:
3715 la Provincia es una madre
que no defiende á sus hijos.
Mueren en alguna loma
en defensa de la ley,
o andan lo mesmo que el güey,
3720 arando pa que otros coman.
Y he de decir ansi mismo,
porque de adentro me brota,
que no tiene patriotismo
quien no cuída al compatriota.


XXVIII

3725 Se me va por donde quiera
esta lengua del demonio:
voy á darles testimonio
de lo que vi en la frontera.
Yo sé que el único modo
3730 a fin de pasarlo bien,
es decir á todo amen
y jugarle risa á todo.
El que no tiene colchon
en cualquier parte se tiende;
3735 el gato busca el jogón
y ese es mozo que lo entiende.
De aqui comprender se debe,
aunque yo hable de este modo,
que uno busca su acomodo
3740 siempre lo mejor que puede.
Lo pasaba como todos
este pobre penitente,
pero salí de asistente
y mejoré en cierto modo.
3745 Pues aunque esas privaciones
causen desesperacion,
siempre es mejor el jogón
de aquel que carga galones.
De entonces en adelante
3750 algo logré mejorar,
pues supe hacerme lugar
al lado del Ayudante.
229
El se daba muchos aires;
pasaba siempre leyendo;
3755 decian que estaba aprendiendo
pa recebirse de flaile.
Aunque lo pifiaban tanto,
jamas lo ví disgustao;
tenía los ojos paraos
3760 como los ojos de un Santo.
Muy delicao, dormia en cuja
y no sé por qué seria,
la gente lo aborrecia
y le llamaban La Bruja.
3765 Jamas hizo otro servicio
ni tubo mas comisiones,
que recebir las raciones
de víveres y de vicios.
Yo me pasé á su jogón
3770 al punto que me sacó,
y yá con él me llevó
a cumplir su comisión.
Estos diablos de milicos
de todo sacan partido:
3775 cuando nos vian riunidos
se limpiaban los hocicos.
Y decian en los jogones
como por chocarrería:
“con la Bruja y Picardia
3780 “van á andar bien las raciones”.
A mi no me jué tan mal,
pues mi oficial se arreglaba;
les diré lo que pasaba
sobre este particular.
3785 Decia que estaba de acuerdo
La Bruja y el provedor,
y que recebía lo pior...
puede ser, pues no era lerdo.
Que á mas en la cantidá
3790 pegaba otro dentellón,
y que por cada racion
le entregaban la mitá.
Y que esto lo hacia del modo
como lo hace un hombre vivo:
3795 firmando luego el recibo
ya se sabe, por el todo.
Pero esas murmuraciones
no faltan en campamento;
dejenme seguir mi cuento,
3800 o historia de las raciones.
La Bruja las recebia,
como se ha dicho, á su modo;
las cargabamos, y todo
se entriega en la mayoría.
3805 Sacan allí en abundancia
lo que les toca sacar,
y es justo que han de dejar
otro tanto de ganancia.
Van luego á la compañia,
3810 las recibe el comendante,
el que de un modo abundante
sacaba cuanto queria.
Ansi la cosa liviana,
vá mermada por su puesto;
3815 luego se le entrega el resto
al oficial de semana.
Araña, quien te arañó?
Otra araña como yó...
Este le pasa al sargento
3820 aquello tan reducido,
y como hombre prevenido
saca siempre con aumento.
Esta relacion no acabo
si otra menudencia ensarto;
3825 el sargento llama al cabo
para encargarle el reparto.
El tambien saca primero
y no sé sabe turbar:
naides le va á aviriguar
3830 si ha sacado mas ó menos.
Y sufren tanto bocao
y hacen tantas estaciones,
que ya casi no hay raciones
cuando llegan al soldado.
3835 ¡Todo es como pan bendito!
y sucede, de ordinario,
tener que juntarse varios
para hacer un pucherito.
Dicen que las cosas van
3840 con arreglo á la ordenanza;
puede ser! pero no alcanzan,
tan poquito es lo que dan!
Algunas veces, yo pienso,
y es muy justo que lo diga,
3845 solo llegaban las migas
que habian quedao en los lienzos.
Y esplican aquel infierno,
en que uno esta medio loco,
diciendo que dán tan poco
3850 porque no paga el gobierno.
Pero eso yo no lo entiendo,
ni á aviriguarlo me meto
soy inorante completo;
nada olvido y nada apriendo.
3855 Tiene uno que soportar
el tratamiento mas vil:
a palos en lo civil,
a sable en lo militar.
El vistuario, es otro infierno;
3860 si lo dan, llega á sus manos
en invierno el de verano
y en el verano el de invierno.
Y yo el motivo no encuentro,
ni la razon que esto tiene;
3865 mas dicen que eso ya viene
arreglao dende adentro.
Y es necesario aguantar
el rigor de su destino:
el gaucho no es argentino
3870 sinó pa hacerlo matar.
Ansi ha de ser, no lo dudo,
y por eso decia un tonto:
“si los han de matar pronto,
“mejor es que estén desnudos”.
3875 Pues esa miseria vieja
no se remedia jamas;
todo el que viene detras
como la encuentra la deja.
Y se hallan hombres tan malos
3880 que dicen de buena gana:
“el gaucho es como la lana,
se limpia y compone á palos”.
Y es forzoso el soportar
aunque la copa se enllene:
3885 parece que el gaucho tiene

domingo, 15 de diciembre de 2013

La ventana abierta - Saki

Vi una recomendación acerca de este cuento dando vueltas por facebook hace un par de semanas, así que lo busqué y hoy lo traigo para compartirlo con ustedes.
Saki es el seudónimo elegido por Hector Hugh Munro (1870-1916), escritor británico. Nació en Birmania, hoy Myanmar, pero al quedar huérfano lo enviaron a vivir a Devon, Inglaterra. Su familia era severa y sumamente puritana. Tal vez eso haya hecho que su literatura sea básicamente una sátira, una crítica social.
"La ventana abierta" fue publicado por primera vez en  1911 y es uno de sus cuentos más conocidos, en especial, por la frase final. 
A continuación del cuento traducido al español, para quien interese, coloqué el original en inglés. He visto muchas traducciones diferentes (de hecho, la que tengo en un libro difiere de la que publico aquí que conseguí en pdf en la web) y en algunas traducciones se pierde el encanto de la frase final...


Imagen de http://www.creacionessancho.mye.name/


La ventana abierta

-Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel -dijo con mucho aplomo una señorita de quince años-; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.

Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto.

-Sé lo que ocurrirá -le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural-: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas.

Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificadas entre las simpáticas.

-¿Conoce a muchas personas aquí? -preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa.
-Casi nadie -dijo Framton-. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para alguna personas del lugar.

Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar.

-Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía -prosiguió la aplomada señorita.
-Sólo su nombre y su dirección -admitió el visitante. Se preguntaba si la señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la presencia masculina.
-Su gran tragedia ocurrió hace tres años -dijo la niña-; es decir, después que se fue su hermana.
-¿Su tragedia? -preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias parecían algo fuera de lugar.
-Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par en una tarde de octubre -dijo la sobrina señalando una gran ventana que daba al jardín.
-Hace bastante calor para esta época del año -dijo Framton- pero ¿qué relación tiene esa ventana con la tragedia?
-Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos menores salieron a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el páramo para llegar al terreno donde solían cazar quedaron atrapados en un ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano terriblemente lluvioso, sabe, y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera manera de preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo.

A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió vacilantemente humana.

-Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño spaniel que los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la ventana queda abierta hasta que ya es de noche. Mi pobre y querida tía, cuantas veces me habrá contado cómo salieron, su marido con el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando como de costumbre "¿Bertie, por qué saltas?", porque sabía que esa canción la irritaba especialmente. Sabe usted, a veces, en tardes tranquilas como las de hoy, tengo la sensación de que todos ellos volverán a entrar por la ventana...

La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió en el cuarto pidiendo mil disculpas por haberlo hecho esperar tanto.

-Espero que Vera haya sabido entretenerlo -dijo.
-Me ha contado cosas muy interesantes -respondió Framton.
-Espero que no le moleste la ventana abierta -dijo la señora Sappleton con animación-; mi marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen entrar por la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras después de haber andado cazando por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres ¿no es verdad?

Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan las aves, y acerca de las perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para Framton, todo eso resultaba sencillamente horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero sólo a medias exitoso, de desviar la conversación a un tema menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera atención, y su mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era por cierto una infortunada coincidencia venir de visita el día del trágico aniversario.

-Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me han prohibido toda clase de agitación mental y de ejercicios físicos violentos -anunció Framton, que abrigaba la ilusión bastante difundida de suponer que personas totalmente desconocidas y relaciones casuales estaban ávidas de conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su causa y su remedio-. Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo.
-¿No? -dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento. Súbitamente su expresión revelaba la atención mas viva... pero no estaba dirigida a lo que Framton estaba diciendo.
-¡Por fin llegan! -exclamó-. Justo a tiempo para el té, y parece que se hubieran embarrado hasta los ojos ¿no es verdad?

Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una mirada que intentaba comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía puesta la mirada en la ventana abierta y sus ojos brillaban de horror. Presa de un terror desconocido que helaba sus venas, Framton se volvió en su asiento y miró en la misma dirección.

En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia la ventana; cada una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de un abrigo blanco puesto sobre los hombros. Los seguía un fatigado spaniel de color pardo. Silenciosamente se acercaron a la casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: "¿Dime Bertie, por qué saltas?"

Framton agarró deprisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el sendero de grava y el portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para evitar un choque inminente.

-Aquí estamos, querida -dijo el portador del impermeable blanco entrando por la ventana-: bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no bien aparecimos?
-Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel -dijo la señora Sappleton-; no hablaba de otra cosa que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar ustedes. Cualquiera diría que había visto un fantasma.
-Supongo que ha sido a causa del spaniel -dijo tranquilamente la sobrina-; me contó que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de perros parias hasta un cementerio cerca del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con esos bichos que gruñían y mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve pusilánime.

La fantasía sin previo aviso era su especialidad.

FIN



Y en inglés...

The Open Window

"My aunt will be down presently, Mr. Nuttel," said a very self-possessed young lady of fifteen; "in the meantime you must try and put up with me."

Framton Nuttel endeavoured to say the correct something which should duly flatter the niece of the moment without unduly discounting the aunt that was to come. Privately he doubted more than ever whether these formal visits on a succession of total strangers would do much towards helping the nerve cure which he was supposed to be undergoing.

"I know how it will be," his sister had said when he was preparing to migrate to this rural retreat; "you will bury yourself down there and not speak to a living soul, and your nerves will be worse than ever from moping. I shall just give you letters of introduction to all the people I know there. Some of them, as far as I can remember, were quite nice."

Framton wondered whether Mrs. Sappleton, the lady to whom he was presenting one of the letters of introduction came into the nice division.

"Do you know many of the people round here?" asked the niece, when she judged that they had had sufficient silent communion.

"Hardly a soul," said Framton. "My sister was staying here, at the rectory, you know, some four years ago, and she gave me letters of introduction to some of the people here."

He made the last statement in a tone of distinct regret.

"Then you know practically nothing about my aunt?" pursued the self-possessed young lady.

"Only her name and address," admitted the caller. He was wondering whether Mrs. Sappleton was in the married or widowed state. An undefinable something about the room seemed to suggest masculine habitation.

"Her great tragedy happened just three years ago," said the child; "that would be since your sister's time."

"Her tragedy?" asked Framton; somehow in this restful country spot tragedies seemed out of place.

"You may wonder why we keep that window wide open on an October afternoon," said the niece, indicating a large French window that opened on to a lawn.

"It is quite warm for the time of the year," said Framton; "but has that window got anything to do with the tragedy?"

"Out through that window, three years ago to a day, her husband and her two young brothers went off for their day's shooting. They never came back. In crossing the moor to their favourite snipe-shooting ground they were all three engulfed in a treacherous piece of bog. It had been that dreadful wet summer, you know, and places that were safe in other years gave way suddenly without warning. Their bodies were never recovered. That was the dreadful part of it." Here the child's voice lost its self-possessed note and became falteringly human. "Poor aunt always thinks that they will come back someday, they and the little brown spaniel that was lost with them, and walk in at that window just as they used to do. That is why the window is kept open every evening till it is quite dusk. Poor dear aunt, she has often told me how they went out, her husband with his white waterproof coat over his arm, and Ronnie, her youngest brother, singing 'Bertie, why do you bound?' as he always did to tease her, because she said it got on her nerves. Do you know, sometimes on still, quiet evenings like this, I almost get a creepy feeling that they will all walk in through that window - "

She broke off with a little shudder. It was a relief to Framton when the aunt bustled into the room with a whirl of apologies for being late in making her appearance.

"I hope Vera has been amusing you?" she said.

"She has been very interesting," said Framton.

"I hope you don't mind the open window," said Mrs. Sappleton briskly; "my husband and brothers will be home directly from shooting, and they always come in this way. They've been out for snipe in the marshes today, so they'll make a fine mess over my poor carpets. So like you menfolk, isn't it?"

She rattled on cheerfully about the shooting and the scarcity of birds, and the prospects for duck in the winter. To Framton it was all purely horrible. He made a desperate but only partially successful effort to turn the talk on to a less ghastly topic, he was conscious that his hostess was giving him only a fragment of her attention, and her eyes were constantly straying past him to the open window and the lawn beyond. It was certainly an unfortunate coincidence that he should have paid his visit on this tragic anniversary.

"The doctors agree in ordering me complete rest, an absence of mental excitement, and avoidance of anything in the nature of violent physical exercise," announced Framton, who laboured under the tolerably widespread delusion that total strangers and chance acquaintances are hungry for the least detail of one's ailments and infirmities, their cause and cure. "On the matter of diet they are not so much in agreement," he continued.

"No?" said Mrs. Sappleton, in a voice which only replaced a yawn at the last moment. Then she suddenly brightened into alert attention - but not to what Framton was saying.

"Here they are at last!" she cried. "Just in time for tea, and don't they look as if they were muddy up to the eyes!"

Framton shivered slightly and turned towards the niece with a look intended to convey sympathetic comprehension. The child was staring out through the open window with a dazed horror in her eyes. In a chill shock of nameless fear Framton swung round in his seat and looked in the same direction.

In the deepening twilight three figures were walking across the lawn towards the window, they all carried guns under their arms, and one of them was additionally burdened with a white coat hung over his shoulders. A tired brown spaniel kept close at their heels. Noiselessly they neared the house, and then a hoarse young voice chanted out of the dusk: "I said, Bertie, why do you bound?"

Framton grabbed wildly at his stick and hat; the hall door, the gravel drive, and the front gate were dimly noted stages in his headlong retreat. A cyclist coming along the road had to run into the hedge to avoid imminent collision.

"Here we are, my dear," said the bearer of the white mackintosh, coming in through the window, "fairly muddy, but most of it's dry. Who was that who bolted out as we came up?"

"A most extraordinary man, a Mr. Nuttel," said Mrs. Sappleton; "could only talk about his illnesses, and dashed off without a word of goodby or apology when you arrived. One would think he had seen a ghost."

"I expect it was the spaniel," said the niece calmly; "he told me he had a horror of dogs. He was once hunted into a cemetery somewhere on the banks of the Ganges by a pack of pariah dogs, and had to spend the night in a newly dug grave with the creatures snarling and grinning and foaming just above him. Enough to make anyone lose their nerve." 
Romance at short notice was her speciality.


sábado, 14 de diciembre de 2013

Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XXIII, XXIV y XXV

Viene de Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XX, XXI y XXII





XXIII

Un nápoles mercachifle
que andaba con un arpista
cayó tambien en la lista
3220 sin dificultá ninguna:
lo agarré á la treinta y una
y le daba bola vista.

Se vino haciendo el chiquito,
por sacarme esa ventaja;
3225 en el pantano se encaja,
aunque robo se le hacia:
lo cegó Santa Lucía
y desocupó las cajas.

Lo hubieran visto afligido
3230 llorar por las chucherias;
“ma gañao con picardia
decia el gringo y lagrimiaba,
mientras yo en un poncho alzaba
todita su merchería.

3235 Quedó alli aliviao del peso
sollozando sin consuelo,
habia caido en el anzuelo
tal vez porque era domingo,
y esa calidá de gringo
3240 no tiene santo en el cielo.

Pero poco aproveché
de fatura tan lucida:
el diablo no se descuida,
y á mi me seguia la pista
3245 un ñato muy enredista
que era Oficial de partida.

Se me presentó á esigir
la multa en que habia incurrido,
que el juego estaba prohibido,
3250 que iba á llevarme al cuartel;
tuve que partir con él
todo lo que habia alquirido.

Empecé á tomarlo entre ojos
por esa albitrariedá;
3255 yo habia ganao, es verdá,
con recursos, eso si;
pero él me ganaba á mi
fundao en su autoridá.

Decian que por un delito
3260 mucho tiempo anduvo mal;
un amigo servicial
lo compuso con el Juez,
y poco tiempo despues
lo pusieron de Oficial.

3265 En recorrer el partido
continuamente se empleaba,
ningun malevo agarraba,
pero traia en un carguero
gallinas, pavos, corderos
3270 que por ahi recoletaba.

No se debia permitir
el abuso á tal estremo:
mes á mes hacia lo mesmo,
y ansi decia el vecindario,
“este ñato perdulario
”ha resucitao el diezmo”.

La echaba de guitarrero
y hasta de concertador:
sentao en el mostrador
3280 lo hallé una noche cantando
y le dije: “co... mo... quiando
con ganas de oir un cantor”.

Me echó el ñato una mirada
que me quiso devorar;
3285 mas no dejó de cantar
y se hizo el desentendido,
pero ya habia conocido
que no lo podia pasar.

Una tarde que me hallaba
3290 de visita..., vino el ñato,
Y para darle un mal rato
dije fuerte: “Ña... to... ribia
“no cebe con la agua tibia”
y me la entendió el mulato.

3295 Era el todo en el Juzgao,
y como que se achocó
ahi no mas me contestó:
“cuanto el caso se presiente
“te he de hacer tomar caliente
3300 “y has de saber quien soy yó.”


Por causa de una muger
se enredó mas la cuestion:
le tenía el ñato aficion,
ella era muger de ley,
3305 moza con cuerpo de güey,
muy blanda de corazon.

La hallé una vez de amasijo,
estaba hecha un embeleso,
y le dije: “Me intereso
3310 ”en aliviar sus quehaceres,
”y ansi, señora, si quiere
”yo le arrimaré los güesos.”

Estaba el ñato presente,
sentado como de adorno;
3315 por evitar un trastorno
ella, al ver que se dijusta,
me contestó: “si uste gusta
“arrimelos junto al horno”.

Ahi se enredó la madeja
3320 y su enemistá conmigo;
se declaró mi enemigo,
y por aquel cumplimiento
ya solo buscó el momento
de hacerme dar un castigo.

3325 Yo veia que aquel maldito
me miraba con rencor,
buscando el caso mejor
de poderme echar el pial;
y no vive mas el lial
3330 que lo que quiere el traidor.

No hay matrero que no caiga,
ni arisco que no se amanse;
ansi, yo, dende aquel lance
no salia de algun rincon,
3335 tirao como el San Ramon
despues que se pasa el trance.

XXIV

Me le escapé con trabajo
en diversas ocasiones;
era de los adulones,
3340 me puso mal con el Juez;
hasta que, al fin, una vez
me agarró en las eleciones.

Ricuerdo que esa ocasion
andaban listas diversas;
3345 las opiniones dispersas
no se podian arreglar:
decian que el Juez por triunfar,
hacia cosas muy perversas.

Cuando se riunió la gente
3350 vino á ploclamarla el ñato;
diciendo, con aparato,
“que todo andaría muy mal,
”si pretendía cada cual
”votar por un candilato”.

3355 Y quiso al punto quitarme
la lista que yo llevé;
mas yo se la mezquiné
y ya me gritó:... “Anarquista,
”has de votar por la lista
3360 que ha mandao el Comiqué”.

Me dió vergüenza de verme
tratado de esa manera;
y como si uno se altera
ya no es fácil de que ablande,
3365 le dije: “Mande el que mande,
”yo he de votar por quien quiera”.

“En las carpetas de juego
”y en la mesa eletoral,
”a todo hombre soy igual;
3370 ”respeto al que me respeta
”pero el naipe y la boleta
”naides me lo ha de tocar”.

Ahi no mas ya me cayó
a sable la polecia;
3375 aunque era una picardia
me decidí á soportar,
y no los quise peliar
por no perderme, ese dia.

Atravesao me agarró
3380 y se aprovechó aquel ñato,
dende que sufrí ese trato
no dentro donde no quepo:
fi á ginetiar en el cepo
por cuestion de candilatos.

3385 Injusticia tan notoria
no la soporté de flojo;
una venda de mis ojos
vino el suceso á voltiar:
ví que teniamos que andar
3390 como perro con tramojo.

Dende aquellas eleciones
se siguió el batiburrillo;
aquel se volvió un ovillo
del que no habia ni noticia.
3395 ¡Es señora la Justicia...
y anda en ancas del mas pillo!

XXV

Despues de muy pocos dias,
tal vez por no dar espera
y que alguno no se fuera,
3400 hicieron citar la gente,
pa riunir un contingente
y mandarlo á la frontera.

Se puso arisco el gauchage;
la gente está acobardada;
3405 salió la partida armada
y trujo como perdices
unos cuantos infelices
que entraron en la voltiada.

Decia el ñato con soberbia:
3410 “Esta es una gente indina;
“yo los rodié á la sordina,
“no pudieron escapar;
“y llevaba órden de arriar
“todito lo que camina”.

3415 Cuando vino el Comendante
dijieron: “¡Dios nos asista!”
llegó y les clavó la vista,
yo estaba haciéndome el sonzo,
le echó á cada uno un responso
3420 y ya lo plantó en la lista.

“Cuadráte, le dijo á un negro,
te estás haciendo el chiquito
cuando sos el mas maldito
que se encuentra en todo el pago;
3425 un servicio es el que te hago
y por eso te remito.

Á OTRO

“Vos no cuidás tu familia
ni le das los menesteres;
visitás otras mugeres
3430 y es preciso, calabera,
que aprendás en la frontera
a cumplir con tus deberes.

Á OTRO

“Vos tambien sos trabajoso;
cuando es preciso votar
3435 hay que mandarte llamar
y siempre andas medio alzao,
sos un desubordinao
y yo te voy á filiar.

Á OTRO

“¿Cuánto tiempo hace que vos
3440 andás en este partido?
¿Cuántas veces has venido
a la citacion del Juez?
No te he visto ni una vez,
Has de ser algun perdido.

 Á OTRO

3445 “Este es otro barullero
que pasa en la pulperia
predicando noche y dia
y anarquizando á la gente;
irás con en el contingente
3450 por tamaña picardia.

Á OTRO

“Dende la anterior remesa
vos andás medio perdido;
la autoridá no ha podido
jamas hacerte votar:
3455 cuando te mandan llamar
te pasás á otro partido.

Á OTRO

“Vos siempre andás de florcita,
no tenés renta ni oficio;
no has hecho ningun servicio,
no has votado ni una vez:
marchá... para que dejés
de andar haciendo perjuicio".

Á OTRO

“Dame vos tu papeleta
yo te la voy á tener;
3465 esta queda en mi poder,
despues la recogerás,
y ansi si te resertás
todos te pueden prender.

Á OTRO

"Vos, porque sos ecetuao
3470 ya te querés sulevar;
no vinistes á votar
cuando hubieron eleciones:
no te valdrán eseciones,
yo te voy á enderezar.”

3475 Y á este por este motivo
y á otro por otra razon,
toditos, en conclusion,
sin que escapára ninguno,
Fueron pasando uno á uno
3480 ajuntarse en un rincón.

Y allí las pobres hermanas,
las madres y las esposas
redamaban cariñosas
sus lágrimas de dolor;
3485 pero gemidos de amor
no remedian estas cosas.

Nada importa que una madre
se desespere ó se queje;
que un hombre á su mujer deje
3490 en el mayor desamparo;
hay que callarse, ó es claro,
que lo quiebran por el eje.

Dentran despues á empeñarse
con este ó aquel vecino;
3495 y como en el masculino
el que menos corre vuela,
deben andar con cautela
las pobres, me lo imagino.

Muchas al Juez acudieron,
3500 por salvar de la jugada;
el les hizo una cuerpiada,
y por mostrar su inocencia,
les dijo: “tengan pacencia
”pues yo no puedo hacer nada”.

3505 Ante aquella autoridá
permanecian suplicantes;
y despues de hablar bastante,
“yo me lavo, dijo el Juez,
”como Pilatos los piés:
3510 ”esto lo hace el Comendante”.

De ver tanto desamparo
el corazon se partia;
habia madre que salia
con dos, tres hijos ó mas,
3515 por adelante y por detras,
y las maletas vacías.

¿Dónde irán, pensaba yo,
a perecer de miseria?
Las pobres si de esta feria
3520 hablan mal, tienen razon;
pues hay bastante materia
para tan justa aficion.


 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XX, XXI y XXII

Viene de  Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XVII, XVIII y XIX

 XX

Martin Fierro y sus dos hijos,
Entre tanta concurrencia,
2905 siguieron con alegría
celebrando aquella fiesta.
Diez años, los mas terribles,
habia durado la ausencia,
y al hallarse nuevamente
2910 era su alegría completa.
En ese mesmo momento,
uno que vino de ajuera,
a tomar parte con ellos
suplicó que lo almitieran.
2915 Era un mozo forastero
de muy regular presencia,
y hacia poco que en el pago
andaba dando sus güeltas;
aseguraban algunos
2920 que venia de la frontera,
que habia pelao á un pulpero
en las últimas carreras,
pero andaba despilchao,
no traia una prenda buena;
2925 un recadito cantor
daba fé de sus pobrezas.
Le pidió la bendicion
al que causaba la fiesta,
y sin decirles su nombre
2930 les declaró con franqueza
que el nombre de Picardía
es el único que lleva,
y para contar su historia
a todos pide licencia,
2935 diciéndoles que en seguida
iban á saber quien era:
tomó al punto la guitarra,
la gente se puso atenta,
y ansi cantó Picardía
2940 en cuanto templó las cuerdas.


XXI
Picardía

Voy á contarles mi historia,
perdónenme tanta charla,
y les diré al principiarla,
aunque es triste hacerlo así,
2945 a mi madre la perdí
antes de saber llorarla.

Me quedé en el desamparo,
y al hombre que me dió el ser
no lo pude conocer;
2950 ansi, pues, dende chiquito
volé como el pajarito
en busca de qué comer.

O por causa del servicio,
que tanta gente destierra,
2955 o por causa de la guerra,
que es causa bastante séria,
los hijos de la miseria
son muchos en esta tierra.

Ansi, por ella empujado,
2960 no sé las cosas que haria,
y, aunque con vergüenza mia,
debo hacer esta alvertencia:
siendo mi madre Inocencia,
me llamaban Picardia.

2965 Me llevó á su lado un hombre
para cuidar las ovejas,
pero todo el dia eran quejas
y guascazos á lo loco,
y no me daba tampoco
2970 siquiera unas jergas viejas.

Dende el alba hasta la noche,
en el Campo me tenia;
cordero que se moria,
mil veces me sucedio,
2975 los caranchos lo comian
pero lo pagaba yo.

De trato tan riguroso
muy pronto me acobardé;
el bonete me apreté
2980 buscando mejores fines
y con unos bolantines
me fuí para Santa Fé.

El pruebista principal
a enseñarme me tomó,
2985 y ya iba aprendiendo yó
a bailar en la maroma;
mas me hicieron una broma
y aquello me indijustó.

Una vez que iba bailando,
2990 porque estaba el calzon roto,
armaron tanto alboroto
que me hicieron perder pié:
de la cuerda me largué
y casi me descogoto.

2995 Ansi me encontré de nuevo
sin saber donde meterme;
y ya pensaba volverme,
cuando, por fortuna mia,
me salieron unas tias
3000 que quisieron recogerme.

Con aquella parentela,
para mí desconocida,
me acomodé ya enseguida;
y eran muy buenas señoras,
3005 pero las mas rezadoras
que he visto en toda mi vida.

Con el toque de oración
ya principiaba el rosario;
noche á noche un calendario
3010 tenian ellas que decir,
y á rezar solian venir
muchas de aquel vecindario.

Lo que allí me aconteció
siempre lo he de recordar,
3015 pues me empiezo á equivocar
y á cada paso refalo,
como si me entrára el Malo
cuanto me hincaba á resar.

Era como tentacion
3020 lo que yo esperimenté;
y jamas olvidaré
cuanto tuve que sufrir,
porque no podia decir
“Artículos de la Fé”.

3025 Tenia al lao una mulata
que era nativa de allí;
se hincaba cerca de mí
como el angel de la guarda;
¡pícara! y era la parda
3030 la que me tentaba ansi.

“Reza, me dijo mi tia,
“Artículos de la Fé.”
Quise hablar y me atoré;
la dificultá me aflige;
3035 miré á la parda y ya dije
“Artículos de Santa Fé”.

Me acomodó el coscorrón
que estaba viendo venir;
yo me quise corregir,
3040 a la mulata miré,
y otra vez volví á decir
“Artículos de Santa Fe”.

Sin dificultá ninguna
rezaba todito el dia,
3045 y á la noche no podia
ni con un trabajo inmenso;
es por eso que yo pienso
que alguno me tentaria.

Una noche de tormenta,
3050 vi á la parda y me entró chucho;
los ojos, me asusté mucho,
eran como refocilo;
al nombrar á San Camilo
le dije San Camilucho.

3055 Esta me dá con el pié,
aquella otra con el codo;
¡ah viejas! por ese modo,
aunque de corazon tierno,
yo las mandaba al infierno
3060 con oraciones y todo.

Otra vez, que como siempre
la parda me perseguia,
cuando yo acordé, mis tias
me habian sacao un mechon
3065 al pedir la estirpacion
de todas las heregías.

Aquella parda maldita
me tenia medio afligido,
y ansi, me habia sucedido
3070 que al decir estirpacion
le acomodé entripacion,
y me cayeron sin ruido.

El recuerdo y el dolor
me duraron muchos dias;
3075 soñé con las heregías
que andaban por estirpar,
y pedía siempre al resar
la estirpacion de mis tias.

Y dale siempre rosarios,
3080 noche á noche y sin cesar;
dale siempre barajar salves,
trisagios y credos:
me aburrí de esos enriedos
y al fin me mandé mudar.

XXII

3085 Anduve como pelota
y mas pobre que una rata;
cuando empecé á ganar plata
se armó no sé qué barullo,
yo dije: á tu tierra, grullo,
3090 aunque sea con una pata.

Eran duros y bastantes
los años que allá pasaron;
con lo que ellos me enseñaron
formaba mi capital;
3095 cuanto vine me enrolaron
en la Guardia Nacional.

Me habia ejercitao al naipe,
el juego era mi carrera;
hice alianza verdadera
3100 y arreglé una trapisonda
con el dueño de una fonda
que entraba en la peladera.

Me ocupaba con esmero
en florear una baraja:
3105 el la guardaba en la caja,
en paquetes, como nueva;
y la media arroba lleva
quien conoce la ventaja.

Comete un error inmenso
3110 quien de la suerte presuma,
otro mas hábil lo fuma,
en un dos por tres lo pela;
y lo larga que no vuela
porque le falta una pluma.

3115 Con un sócio que lo entiende
se arman partidas muy buenas;
queda allí la plata agena,
quedan prendas y botones;
siempre cain á esas riuniones
3120 zonzos con las manos llenas.

Hay muchas trampas legales,
recursos del jugador;
no cualquiera es sabedor
a lo que un naipe se presta:
3125 con una cincha bien puesta
se la pega uno al mejor.

Deja á veces ver la boca
haciendo el que se descuida;
juega el otro hasta la vida,
y es siguro que se ensarta,
porque uno muestra una carta
y tiene otra prevenida.

Al monte, las precauciones
no han de olvidarse jamas;
3135 debe afirmarse á demas
los dedos para el trabajo,
y buscar asiento bajo
que le dé la luz de atras.

Pa tayar, tome la luz,
3140 dé la sombra al alversario,
acomódese al contrario
en todo juego cartiao:
tener ojo egercitao
es siempre muy necesario.

3145 El contrario abre los suyos,
pero nada vé el que es ciego;
dándole soga, muy luego
se deja pezcar el tonto:
todo chapeton cree pronto
3150 que sabe mucho en el juego.

Hay hombres muy inocentes
y que á las carpetas van;
cuando asariados estan,
les pasa infinitas veces,
3155 pierden en puertas y en treses,
y dándoles, mamarán.

El que no sabe, no gana
aunque ruegue á Santa Rita:
en la carpeta á un mulita
3160 se le conoce al sentarse;
y conmigo, era matarse,
no podian ni á la manchita.

En el nueve y otros juegos
llevo ventaja y no poca;
3165 y siempre que dar me toca
el mal no tiene remedio
porque sé sacar del medio
y sentar la de la boca.

En el truco, al mas pintao
3170 solia ponerlo en apuro;
cuando aventajar procuro,
sé tener, como fajadas,
tiro á tiro el as de espadas,
o flor, ó envite, seguro.

3175 Yo sé defender mi plata
y lo hago como el primero;
el que ha de jugar dinero
preciso es que no se atonte;
si se armaba una de monte,
3180 tomaba parte el fondero.

Un pastel1, como un paquete,
sé llevarlo con limpieza;
dende que á salir empiezan
no hay carta que no recuerde:
3185 sé cual se gana ó se pierde
en cuanto cain á la mesa.

Tambien por estas jugadas
suele uno verse en aprietos;
mas yo no me comprometo
3190 porque sé hacerlo con arte,
y aunque les corra el descarte
no se descubre el secreto.

Si me llamaban al dao,
nunca me solia faltar
3195 un cargado que largar,
un cruzao para el mas vivo;
y hasta atracarles un chivo
sin dejarlos maliciar.

Cargaba bien una taba
3200 porque la sé manejar;
no era manco en el billar,
y, por fin de lo que esplico,
digo que hasta con pichicos
era capaz de jugar.

3205 Es un vicio de mal fin,
el de jugar, no lo niego;
y todo el que vive del juego
anda á la pesca de un bobo,
y es sabido que es un robo
3210 ponerse á jugarle á un ciego.

Y esto digo claramente
porque he dejao de jugar;
y les puedo asigurar,
como que fui del oficio:
3215 mas cuesta aprender un vicio

lunes, 9 de diciembre de 2013

Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XVII, XVIII y XIX

Viene de  Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XIV, XV y XVI


 XVII

Le cobré un miedo terrible
despues que lo ví dijunto;
Llamé al Alcalde, y al punto,
2520 acompañado se vino
de tres ó cuatro vecinos
a arreglar aquel asunto.

“Anima bendita", dijo
un viejo medio ladiao;
2525 ”que Dios lo haiga perdonao,
”es todo cuanto deseo:
”le conocí un pastoreo
”de terneritos robaos”.

“Ansina es, dijo el alcalde,
2530 con eso empezó á poblar;
yo nunca podré olvidar
las travesuras que hizo;
hasta que al fin fué preciso
que le privasen carniar”.

2535 “De mozo fué muy ginete,
no lo bajaba un bagual;
pa ensillar un animal
sin necesitar de otro,
se encerraba en el corral
2540 y allí galopiaba el potro”.

Se llevaba mal con todos;
era su costumbre vieja
el mesturar las ovejas,
pues al hacer el aparte
sacaba la mejor parte
y despues venia con quejas”.

“Dios lo ampare al pobresito,
dijo en seguida un tercero,
siempre robaba carneros,
2550 en eso tenia destreza:
enterraba las cabezas,
y despues vendía los cueros”.

“Y que costumbre tenia;
cuando en el jogón estaba,
2555 con el mate se agarraba
estando los piones juntos,
yo tayo, decia, y apunto,
y á ninguno convidaba”.

“Si ensartaba algun asao,
¡pobre! ¡como silo viese!
poco antes de que estubiese
primero lo maldecia,
luego despues lo escupia
para que naides comiese”.

2565 “Quien le quitó esa costumbre
de escupir el asador,
fue un mulato resertor
que andaba de amigo suyo,
un diablo, muy peliador,
2570 que le llamaban Barullo”.

"Una noche que les hizo
como estaba acostumbrao,
se alzó el mulato enojao,
y le gritó: “viejo indino,
2575 ”yo te he de enseñar, cochino,
”a echar saliva al asao”.

“Lo saltó por sobre el juego
con el cuchillo en la mano;
¡la pucha el pardo liviano!
2580 en la mesma atropellada
le largó una puñalada
que la quitó otro paisano”.

“Y ya caliente Barullo,
quiso seguir la chacota:
2585 se le habia erizao la mota
lo que empezó la reyerta:
el viejo ganó la puerta
y apeló á las de gaviota”.

“De esa costumbre maldita
2590 dende entonces se curó;
a las casas no volvió,
se metió en un cicutal,
y allí escondido pasó
esa noche sin cenar”.

2595 Esto hablaban los presentes;
y yo que estaba á su lao,
al oir lo que he relatao,
aunque él era un perdulario,
dije entre mí: “¡que rosario
2600 le estan resando al finao!”.

Luego comenzó el Alcalde
a registrar cuanto habia,
sacando mil chucherias
y guascas y trapos viejos,
2605 temeridá1 de trevejos
que para nada servian.

Salieron lazos, cabrestos,
coyundas4 y maniadores,
una punta de arriadores,
2610 cinchones, maneas, torzales,
una porcion de bozales
y un monton de tiradores.

Habia riendas de domar,
frenos y estribos quebraos;
2615 bolas, espuelas, recaos,
unas pavas, unas ollas,
y un gran manojo de argollas
de cinchas que habia cortao.

Salieron varios cencerros,
2620 alesnas, lonjas, cuchillos,
unos cuantos coginillos,
un alto de gergas viejas,
muchas botas desparejas,
y una infinidá de anillos.

2625 Habia tarros de sardinas,
unos cueros de venao,
unos ponchos augeriaos,
y en tan tremendo entrevero
apareció hasta un tintero
2630 que se perdió en el Juzgao.

Decia el Alcalde muy serio:
“Es poco cuanto se diga;
”habia sido como hormiga,
”he de darle parte al Juez,
2635 ”y que me venga despues
”conque no se los persiga”.

Yo estaba medio azorao
de ver lo que sucedia;
entre ellos mesmos decian
2640 que unas prendas eran suyas,
pero á mi me parecia
que esas eran aleluyas.

Y cuando ya no tubieron
rincon donde registrar,
cansaos de tanto huroniar
2645 y de trabajar de balde,
“vámosnos, dijo el Alcalde,
”luego lo haré sepultar”.

Y aunque mi padre no era
2650 el dueño de ese hormiguero,
el allí muy cariñero,
me dijo con muy buen modo:
“vos serás el heredero
”y te harás cargo de todo”.

“Se ha de arreglar este asunto
”como es preciso que sea;
”voy á nombrar albacea
”uno de los circustantes,
”las cosas no son, como antes,
”tan enredadas y feas”.

Bendito Dios! pensé yo:
ando como un pordiosero,
y me nuembran heredero
de toditas estas guascas:
2665 quisiera saber primero
lo que se han hecho mis vacas!


XVIII

Se largaron como he dicho
a disponer el entierro;
cuando me acuerdo me aterro:
2670 me puse á llorar á gritos
al verme allí tan solito
con el finao y los perros.

Me saqué el escapulario,
se lo colgué al pecador;
2675 y como hay en el Señor
misericordia infinita,
rogué por la alma bendita
del que antes jué mi tutor.

No se calmaba mi duelo
2680 de verme tan solitario;
Ay le champurrié1 un rosario
como si juera mi padre,
besando el escapulario
que me habia puesto mi madre.

2685 Madre mía, gritaba yo,
donde andarás padeciendo;
el llanto que estoy virtiendo
lo redamarías por mi,
si vieras á tu hijo aquí
2690 todo lo que está sufriendo.

Y mientras ansi clamaba
sin poderme consolar,
los perros para aumentar
mas mi miedo y mi tormento,
2695 en aquel mesmo momento
se pusieron á llorar.

Libre Dios á los presentes
de que sufran otro tanto;
con el muerto y esos llantos
2700 les juro que falta poco
para que me vuelva loco
en medio de tanto espanto.

Decian entonces las viejas,
como que eran sabedoras;
2705 que los perros cuando lloran
es porque ven al demonio;
yo creia en el testimonio
como cré siempre el que inora.

Ay dejé que los ratones
2710 comieran el guasquerio;
y como anda á su albedrio
todo el que güérfano queda,
alzando lo que era mio
abandoné aquella cueva.

. . . . . . . . . . . . . . . . .

2715 Supe despues que esa tarde
vino un pion y lo enterró,
ninguno lo acompañó
ni lo velaron siquiera;
y al otro dia amaneció
2720 con una mano dejuera.

Y me ha contado ademas
el gaucho que hizo el entierro
al recordarlo me aterro,
me da pavor este asunto
2725 que la mano del dijunto
se la habia comido un perro.

Tal vez yo tuve la culpa
porque de asustao me fui;
supe despues que volví,
2730 y asigurárselos puedo,
que los vecinos, de miedo,
no pasaban por allí.

Hizo del rancho guarida
la sabandija mas sucia;
2735 el cuerpo se despeluza
y hasta la razon se altera:
pasaba la noche entera
chillando allí una lechuza.

Por mucho tiempo no pude
2740 saber lo que me pasaba;
los trapitos con que andaba
eran puras hojarascas;
todas las noches soñaba
con viejos, perros y guascas.


XIX

2745 Andube á mi voluntá
como moro sin señor;
ese fué el tiempo mejor
que yo he pasado tal vez:
de miedo de otro tutor
2750 ni aporté por lo del Juez.

“Yo cuidaré, me habia dicho,
”de lo de tu propiedá,
”todo se conservará,
”el vacuno y los rebaños
2755 ”hasta que cumplás 30 años
”en que seas mayor de edá”.

Y aguardando que llegase
el tiempo que la ley fija,
pobre como lagartija,
2760 y sin respetar á naides,
andube cruzando al aire
como bola sin manija.

Me hice hombre de esa manera
bajo el mas duro rigor;
2765 sufriendo tanto dolor
muchas cosas aprendí;
y, por fin vítima fuí
del mas desdichado amor.

De tantas alternativas
2770 esta es la parte peluda;
infeliz y sin ayuda
fue estremado mi delirio,
y causaban mi martirio
los desdenes de una viuda.

2775 Llora el hombre ingratitudes
sin tener un jundamento,
acusa sin miramiento
a la que el mal le ocasiona,
y tal vez en su persona
2780 no hay ningún merecimiento.

Cuando yo mas padecía
la crueldá de mi destino,
rogando al poder divino
que del dolor me separe,
2785 me hablaron de un adivino
que curaba esos pesares.

Tuve recelos y miedos
pero al fin me disolví:
hice corage y me fuí
2790 donde el adivino estaba,
y por ver si me curaba
cuanto llevaba le dí.

Me puse al contar mis penas
mas colorao que un tomate,
2795 y se me añudó el gaznate
cuando dijo el hermitaño:
“Hermano, le han hecho daño
”y se lo han hecho en un mate”.

“Por verse libre de uste
2800 ”lo habrán querido embrujar”.
Despues me empezó á pasar
una pluma de avestruz y
me dijo: “de la Cruz
”recebí el don de curar”.

2805 “Debés maldecir, me dijo,
”a todos tus conocidos,
”ansina el que te ha ofendido
”pronto estará descubierto,
”y deben ser maldecidos
2810 ”tanto vivos como muertos”.

Y me recetó que hincao
en un trapo de la viuda
frente á una planta de ruda
hiciera mis oraciones,
2815 diciendo: “no tengás duda,
”eso cura las pasiones”.

A la viuda en cuanto pude
un trapo le manotié;
busqué la ruda y al pie,
2820 puesto en cruz, hice mi reso;
pero, amigos, ni por eso
de mis males me curé.

Me recetó otra ocasion
que comiera abrojo chico:
2825 el remedio no me esplico,
mas, por desechar el mal,
al ñudo en un abrojal
fí á ensangrentarme el hocico.

Y con tanta medecina
2830 me parecia que sanaba;
por momentos se aliviaba
un poco mi padecer,
mas si á la viuda encontraba
volvia la pasion á arder.

2835 Otra vez que consulté
su saber estrordinario,
recibió bien su salario,
y me recetó aquel pillo
que me colgase tres grillos
2840 ensartaos como rosario.

Por fin, la última ocasion
que por mi mal lo fi á ver,
me dijo: “No, mi saber
”no ha perdido su virtú:
2845 ”yo te daré la salú,
”no triunfará esa muger”.

“Y tené fé en el remedio,
”pues la cencia no es chacota;
”de esto no entendés ni jota;
2850 ”sin que ninguno sospeche,
”comtále á un negro tres motas
”y hacelas hervir en leche”.

Yo andaba ya desconfiando
de la curacion maldita,
2855 y dije: “este no me quita
”la pasion que me domina;
”pues que viva la gallina
”aunque sea con la pepita”.

Ansi me dejaba andar,
2860 hasta que en una ocasion
el cura me echó un sermon,
para curarme, sin duda,
diciendo que aquella viuda
era hija de confision.

2865 Y me dijo estas palabras
que nunca las he olvidao:
“Has de saber que el finao
”ordenó en su testamento
”que naides de casamiento
2870 ”le hablára en lo sucesivo,
”y ella prestó el juramento
”mientras él estaba vivo".

“Y es preciso que lo cumpla
“porque ansi lo manda Dios.
2875 “Es necesario que vos
“no la vuelvas á buscar,
“porque si llega á faltar
“se condenarán los dos.

Con semejante alvertencia
2880 se completó mi redota;
le ví los pies á la sota,
y me le alejé á la viuda
mas curao que con la ruda,
con los grillos y las motas.

2885 Despues me contó un amigo
que al Juez le habia dicho el cura:
“Que yo era un cabeza dura
“y que era un mozo perdido,
“que me echáran del partido,
2890 “que no tenia compostura.”

Tal vez por ese consejo,
y sin que mas causa hubiera,
ni que otro motivo diera,
me agarraron redepente
2895 y en el primer contingente
me echaron á la frontera.

De andar persiguiendo viudas
me he curado del deseo;
en mil penurias me veo,
2900 mas pienso volver, tal vez
a ver si sabe aquel Juez
lo que se ha hecho mi rodeo.


Continua en

Martín Fierro - La vuelta de Martín Fierro - José Hernández - capítulos XX, XXI y XXII