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lunes, 21 de diciembre de 2015

Cómo el Grinch robó la Navidad - Dr Seuss

Se acerca Navidad y para leer conseguí "How the Grinch Stole Christmas". Lo conseguí en inglés por lo que, al igual que con "Horton escucha un Quién", la traducción es mía. 
Grinch podría traducirse como "el amargado", "el aguafiestas" pero como todos lo conocemos como Grinch, lo dejé tal cual.
Como verán, esta historia también ocurre en el mundo de los Quien, y por ende, en la Villa de los Quién. 
No subo los dibujos del libro porque no quiero violar derechos de autor. Como la traducción es mía, no creo hacerlo con el texto pero con las imágenes mejor no me meto...
Espero lo disfruten! 


Cómo el Grinch robó la Navidad


A cada Quien en la Villa de los Quién le gusta mucho la Navidad... ¡Pero al Grinch, quien vive al norte de la Villa de los Quién NO le gusta!

¡El Grinch odiaba Navidad! ¡Todo lo relacionado a la Navidad! Ahora, por favor, no preguntes por qué. Nadie sabe con certeza la razón. Podría ser que su cabeza no estuviera bien "atornillada". Podría ser, tal vez, que sus zapatos apretaran demasiado. Pero yo pienso que la razón más probable de todas podría haber sido que su corazón era dos veces demasiado pequeño.

Pero, cualquiera fuera la razón, su corazón o sus zapatos, se paró allí en Noche Buena, odiando a los Quienes, mirando fijamente hacia abajo desde su cueva con amargura, con el entrecejo fruncido hacia las cálidamente iluminadas ventanas del pueblo. Porque sabía que cada Quien en la Villa de los Quién estaba ocupado en ese momento en colgar una corona de muérdago. 

"¡Y están colgando sus medias!" gruñó con una mueca. "¡Mañana es Navidad! Ya casi está aquí". Luego, rezongó golpeteando sus amargados dedos nerviosamente. "DEBO encontrar una forma de evitar que la Navidad llegue"

Porque, mañana, el sabía... todos los Quien niñas y niños se despertarían muy de mañana. ¡Correrían hacia sus juguetes! y ¡Entonces! Oh, ¡El ruido! ¡Ruido! ¡Ruido! ¡Ruido! ¡Eso era lo que odiaba! ¡El RUIDO! ¡RUIDO! ¡RUIDO! ¡RUIDO!

Luego los Quienes, jóvenes y viejos, se sentarían ante un banquete. ¡Y festejarían! ¡Y festejarían! ¡Y FESTEJARÍAN!
¡FESTEJARÍAN!
         ¡FESTEJARÍAN!
                  ¡FESTEJARÍAN!  
Festejarían con Quien-budín, y la extraña bestia Quien-asada que era algo que el Grinch, como mínimo, no podía soportar.

¡Y ENTONCES, harían algo que a él le gustaría aún menos! Cada Quien en la Villa de los Quién, el alto y el bajo, se pararía uno bien cerca del otro, con campanillas de Navidad repiqueteando. Se tomarían de las manos. ¡Los Quienes comenzarían a cantar! 

¡Cantarían! ¡Y cantarían! 

¡Y CANTARÍAN! ¡CANTARÍAN! ¡CANTARÍAN! ¡CANTARÍAN!

Y cuanto más pensaba el Grinch en el Quien-canto de Navidad, más pensaba el Grinch "¡Debo terminar con todo esto! ¡Porque ya lo he soportado por cincuenta y tres años! ¡DEBO evitar que llegue Navidad! ... Pero ¿Cómo?"

Entonces tuvo una idea. ¡Una idea horrible! ¡EL GRINCH TUVO UNA MARAVILLOSA, HORRIBLE IDEA!

"Ya sé exactamente cómo hacerlo!" El Grinch rió con la garganta. Y confeccionó rápidamente un sombrero y un abrigo de Santita Claus. Y rió y cloqueó, "¡Qué gran truco amargado! Con este abrigo y este sombrero, me parezco a San Nico. Todo lo que necesito es un reno..."

El Grinch miró a su alrededor. Pero, como los renos eran escasos, no había ninguno para ser encontrado. ¿Detuvo aquello al viejo Grinch...? ¡No! El Grinch simplemente dijo "Si no puedo encontrar un reno, ¡fabricaré uno!" Por lo que llamó a su perro, Max. Luego tomó un hilo rojo y ató un gran cuerno sobre su cabeza. A continuación, cargó algunas bolsas y algunos viejos sacos vacíos en un trineo destartalado y lo amarró al viejo Max. 

Entonces el Grinch dijo "¡Adelante!" y el trineo comenzó a bajar hacia los hogares del pueblo en los cuales los Quienes dormían. Todas las ventanas estaban oscuras. La nieve calma llenaba el aire. Todos los Quienes soñaban dulces sueños sin preocupación.

Llegó a la primera casita de la cuadra. "Esta es la parada número uno", silbó el Claus amargado, y trepó al techo con bolsas vacías en su puño. Luego se deslizó por la chimenea. Un sitio una pizca estrecho. Pero, si Santa puede hacerlo, así puede el Grinch. Se atoró solamente una vez, por uno o dos momentos. Después se atoró la cabeza en la salida de la chimenea donde las pequeñas Quien-medias colgaban en fila. "¡Estas medias" sonrió "son lo primero en irse!"

Luego se deslizó y escabulló por toda la habitación con la sonrisa más desagradable de todas y se llevó cada uno de los presentes. Pistolas de juguetes, bicicletas, patines, tambores, tableros de damas, triciclos, pochoclo y ciruelas. Los metió en bolsas. Ágilmente, el Grinch metió todas las bolsas, una por una, en la chimenea.

Después, se escabulló hacia la heladera. ¡Tomó el banquete de los Quienes! ¡Tomó el Quien-budín!¡Tomó la bestia asada! Vació toda la heladera tan rápido como un rayo. ¡Incluso se llevó la última lata de Quien-cholate!

Metió toda la comida en la chimenea lleno de júbilo. "Y AHORA" gruñó el Grinch "Me ocuparé del árbol"

Y el Grinch tomó el árbol y comenzó a empujarlo cuando escuchó un ruidito como el "cuu" de una paloma. Se dio vuelta rápidamente y vio ¡un Quien diminuto! La pequeña Cindy-Lou Quien, que no tendría más de dos.

El Grinch había sido atrapado por la pequeñita hija de algún Quien que se había levantado de la cama por un vaso de agua fría. Miró al Grinch y dijo "Santita Claus, ¿Por qué?, ¿Por qué te llevas nuestro árbol de Navidad? ¿POR QUÉ?

Pero, sabes, aquel viejo Grinch era tan listo y tan astuto que pensó una mentira y la pensó muy rápido.

"Porque, mi querida nenita", el Santita Claus falso mintió, "Hay una luz en este árbol que no encenderá de un lado. Por eso, lo llevo a mi taller, mi querida. Allí lo arreglaré y luego lo traeré de regreso".

Y esta mentira engañó a la niña. Entonces, le acarició la cabeza, le consiguió la bebida y la envió a la cama. Cuando Cindy-Lou Quien fue a la cama con su vaso, él fue a la chimenea y metió el árbol.

Lo último que tomó fue el tronco para el fuego. Luego subió por la chimenea, el viejo mentiroso. En sus paredes no dejó nada más que ganchos y algunos cables. Y la única partícula de comida que dejó en la casa, fue una miga demasiado pequeña incluso para un ratón.

A continuación, hizo lo mismo en las otras casas de los Quienes y dejó migajas aún más pequeñas para los ratones de los Quienes.

Era un cuarto pasado el amanecer...
         Todos los Quienes estaban aún en la cama,
         Todos los Quienes aún dormían,
Cuando llenó su trineo, ¡lo llenó con sus regalos!¡Sus cintas! ¡Sus envoltorios! ¡Sus etiquetas!¡Y sus guirnaldas! ¡Sus adornos! ¡Sus ornamentas!

¡Trescientos pies hacia arriba! Viajó con su carga hacia la cima del monte Crumpit para deshacerse de ella.

"¡Bah-bah a los Quienes!" zumbaba amargamente. "Ahora están descubriendo que ninguna Navidad llegará. Se están despertando. Y sé justo qué harán. Se quedarán con la boca abierta un minuto o dos. Luego los Quienes de la Villa de los Quién llorarán Bu-ju." 

"Ese sonido", gruñó el Grinch, ", tengo que oírlo". Por eso hizo una pausa. Se colocó una mano en la oreja y escuchó el sonido que subía por la nieve. Comenzó bajo pero luego creció...

¡Pero aquel sonido no era triste! Porque aquel sonido sonaba feliz.¡No podía ser!.¡Pero ERA feliz! ¡Muy!

Miró fijamente la Villa de los Quién. Al Grinch se le saltaron los ojos y se sacudió. ¡Lo que vio fue una sorpresa chocante! ¡Cada Quien de la Villa de los Quién, el alto y el bajo, estaba cantando! ¡Sin que hubiera regalo alguno! NO HABÍA evitado que la Navidad llegara ¡HABÍA LLEGADO! De algún modo u otro, llegó de todas maneras.

Y el Grinch, con sus pies amargados congelados en la nieve, se quedó parado. Desconcertado, se rompía la cabeza: "¿Cómo podía ser? Llegó sin cintas. Llegó sin etiquetas. ¡Llegó sin paquetes, cajas o bolsas!" Y se rompió la cabeza tres horas, hasta que tanto pensar le dolió. Entonces, el Grinch pensó algo que no había pensado antes."Tal vez la Navidad", pensó, "no viene de una tienda. Tal vez la Navidad... a lo mejor... significa algo más".

¿Y que sucedió luego...? Bueno... en la Villa de los Quién dice que el pequeño corazón del Grinch aumentó tres veces su tamaño aquel día. Y en el minuto que su corazón no se sintió tan estrecho, silbó con su carga a través de la clara y brillante mañana, y devolvió los juguetes. Y la comida para el banquete. Y él... ¡ÉL MISMO!... El Grinch, trinchó una bestia asada.


domingo, 12 de julio de 2015

Horton escucha un Quién - Dr. Seuss

Hace tiempo que busco algún cuento de Dr. Seuss para subir. Me había decidido por "Horton hears a Who" pero lo cierto es que lo encontré sólo en inglés. 
Hoy justo justo estaban pasando por la tele la película basada en él (Horton y el mundo de los Quién), lo que me recordó que tiempo atrás lo había descargado en inglés y dado que no encontré ninguna traducción al español, hice la mía. Creo que no violo derechos, caso contrario, ya me reclamarán y lo sacaré del blog. Espero que no ya que fue un gran esfuerzo...
Dr. Seuss fue autor de muchos y maravillosos cuentos para niños, no tan conocidos en español, al menos en mi país. Creo que lo conocemos más por las películas basadas en ellos como "Cat in the hat", "Horton hears a Who", "The Grinch" y "The Lorax". Dr. Seuss nació en 1904 en Estados unidos de America y falleció en 1991. Publicó más de 60 libros.
Espero que disfruten esta traducción. No fue fácil....sobre todo porque usa una estructura que resulta un tanto confusa más que nada en los primeros párrafos. Sepan disculpar si contiene errores.



Horton escucha un Quién


El 15 de Mayo, en la jungla de Nool, al calor del día, al frescor de la piscina, Horton, el elefante, chapoteaba disfrutando de las grandes alegrías de la jungla... cuando escuchó un sonido pequeño. 

Entonces, Horton dejó de chapotear. Miró hacia el sonido. “Eso es extraño”, pensó Horton.

“No hay nadie alrededor”. ¡Luego lo escuchó de nuevo! Apenas un grito muy débil como si una persona pequeñita llamara por ayuda. “Te ayudaré,” dijo Horton. “Pero, ¿quién eres? ¿dónde?”. Miró y miró. No pudo ver nada salvo por una pequeña mota de polvo que pasaba volando a través del aire.

“¡A ver!” murmuró Horton. “Nunca he oído hablar de una pequeña mota de polvo capaz de gritar. ¿Sabes qué pienso? Bueno, pienso que debe haber alguien sobre la pequeña mota de polvo. Algún tipo de criatura de un tamaño muy pequeño, demasiado pequeño para poder ser visto con los ojos de elefante.… Y alguna pobre pequeñita gente que tiembla de miedo de que él la sople sobre la piscina. ¡No hay manera de conducir! Debo salvarlas. Porque, después de todo, una persona es una persona, no importa cuán pequeña sea.”

Entonces, amablemente, y usando el mayor cuidado, el elefante estiró su gran trompa por el aire y levantó la mota de polvo y la llevó y colocó, segura, sobre un suave trébol. 

“Humpf!” dijo una voz. Fue la canguro amargada. Y el canguro en su bolsa dijo “Humpf” también. “Esa mota es tan pequeña como la cabeza de un alfiler ¿Una persona sobre eso?... ¡Nunca la habría!”

“Creeme,” dijo Horton. “Te digo con sinceridad, mis orejas son bastante agudas y escuché bastante claramente. Sé que hay una persona ahi abajo. Y, lo que es más, apuesto que hay dos. Incluso tres. Incluso cuatro. Muy probable... ¡Una familia, por lo que sabemos! Una familia con niños que apenas comienzan a crecer. Así que, por favor,” dijo Horton, “como un favor a mí, trata de no molestarlos. Sólo dejalos ser.”

“¡Pienso que eres un tonto!”, rió la amargada canguro y el joven canguro en su bolsa dijo “¡Yo, también! Eres la mayor vergüenza de la jungla de Nool”. Y los canguros se zambulleron en la fresca piscina. 

“¡Qué terrible zambullida!” el elefante frunció el ceño. “No puedo dejar que mis personas pequeñitas se ahoguen!” Debo protegerlas. Soy más grande que ellas". Así, arrancó el trébol y se alejó a los empujones.

La noticia se expandió rápidamente través de las copas de los árboles de la jungla. "Él habla con una mota de polvo. ¡Está fuera de sí! Sólo véanlo caminar con esa mota en una flor." Y Horton caminó, preocupándose, casi una hora. "¿Debería dejar esta mota en el suelo?..." pensó Horton alarmado. Si lo hago, estas pequeñas personas podrían sufrir un gran daño. No puedo dejarla. ¡Y no lo haré! Después de todo, una persona es una persona no importa cuán pequeña sea".

Luego, Horton dejó de caminar. La voz de la mota estaba hablando. La voz era tan débil que apenas podía escucharla. "Habla, por favor", dijo Horton. Puso su oído cerca de la mota. "Mi amigo", dijo la voz, "eres un buen amigo. Nos has ayudado a todos los de esta mota sin fin. Has salvado nuestras casas, nuestros techos y nuestros pisos. Has salvado todas las iglesias y mercados"

“¿Quieres decir…” jadeó atónito Horton, “que tienen edificicios ahí, también?”
“Oh, si,” dijo un hilo de voz.
“Sin duda… lo sé,” llamó la voz, “Soy demasiado pequeño para ser visto pero soy el Mayor de un pueblo amistoso y limpio. Nuestros edificios, a tí te parecerían terriblemente pequeños pero, para nosotros, que no somos grandes, nos parecen de una altura maravillosa. Mi pueblo de llama La villa de los Quién, por lo que yo soy un Quién y nosotros somos, los Quiénes, estamos todos agradecidos y en deuda contigo.” Y Horton llamó nuevamente al Mayor del pueblo, “Están a salvo ahora. No se preocupen. No los dejaré en el suelo.”

Pero, en el momento que le habló al Mayor de la mota, tres grandes monos de la jungla se treparon al cuello de Horton. 

Los hermanos Wickersham vinieron gritando, “¡Qué podredumbre! Este elefante está hablando los Quién no son quién! No hay ningún Quién. Y no tienen un Mayor. Vamos a parar con toda esta tontería. ¡Ahora!”

Arrebataron el trébol de Horton. Se lo llevaron a una águila de cola negra llamada Vlad Vlad-i-Koff, una águila muy fuerte, de alas muy rápidas, y dijeron: "¿Tendría la amabilidad de deshacerse de esta cosa?"

Y, antes que el pobre elefante pudiera hablar, el águila voló con la flor en su pico.

Esa tarde y ya entrando en la noche, el águila de cola negra batió sus alas en raudo vuelo, mientras Horton que la persiguió gimiendo sobre rocas que hacían pedazos las uñas de sus pies y maltrataban sus huesos, rogó: "Por favor, no dañe a las pequeñas personas que tienen tanto derecho a vivir como las personas grandes" 

Pero adelante, mucho más adelante, de él, el águila siguió aleteando y gritó por sobre sus hombros: "Ya deja de gemir. Volaré la noche entera. Soy un ave. No me importa. Y esconderé esto mañana, donde nunca lo encuentres" 

Y a las 6:56 la mañana siguiente, lo hizo. Seguro fue en un lugar terrible. Dejó caer al pequeño trébol en algún lugar de un gran manto de tréboles de cien millas de ancho. "Encuentra ESO!" se burló el ave. "Pero creo que fracasarás"- Y se fue con un revoléo de su cola negra. 

“¡Lo encontraré!” lloró Horton. “Lo encuentro o reviento. Debo encontrar a mis amigos de la pequeña mota de polvo." Y levantó con cuidado trébol por trébol por trébol, y buscó en ellos, y llamó: "¿Están allí?" Pero trébol por trébol, por trébol, descubrió que aquel al que susurrara, no estaba allí. Y para el mediodía, el pobre Horton, más muerto que vivo, había recogido y buscado en nueve mil cinco tréboles. 

Luego, continuó a lo largo de la tarde, hora tras hora... hasta que por fin los encontró... En la tercer millionésima flor 

“¡Mis amigos!” gritó el elefante. “¡Díganme! Digan! ¿Están a salvo? ¿Tienen sonido? ¿Están enteros? ¿Están bien?"

Del fondo de la mota vino llegó la voz del Mayor: "Realmente tuvimos problemas. Mucho. Cuando el pájaro de cola negra nos soltó y caímos, aterrizamos tan duro que nuestros relojes se pararon. Nuestras teteras se partieron. Nuestras mecedoras se rompieron y las llantas de nuestras bicicletas explotaron cuando chocamos. ¡Así que, Horton, por favor!", rogó la voz del Mayor, "¿Podrías quedarte con nosotros mientras hacemos reparaciones?" "Por supuesto" respondió Horton. "Por supuesto me quedaré. Me quedaré pegado a ustedes en lo fino y en lo grueso"

“Humpf!” dijo una voz “Por casi dos días corriste salvaje e insistes en hablar con personas que nunca existieron. ¡Dejarse llevar así en nuestra pacífica jungla! Ya tuvimos suficiente de tus bramidos chapuceros. Estoy aquí para declarar" , espetó la canguro mayor, "que tu juego tonto y sin sentido se acabó". Y el joven canguro en su bolsa dijo "Yo, también".

"Con la ayuda de los hermanos Wickersham y una docena de tíos Wickersham y primos Wickersham y parientes Wickersham por ley, cuya ayuda he comprometido, serás atado con una cuerda. Y serás enjaulado. En cuanto a nuestra mota de polvo... ¡Ah! La herviremos una olla con aceite de beezle-nut caliente y humeante". (Nota: Receta inventada por Dr. Seuss que lleva frutas y gelatina)

"¿Hervirla?" jadeó Horton. "Oh, eso no puedes hacerlo. ¡Está llena de personas! ¡te lo probaré!" 

"¡Sr. Mayor! Sr. Mayor!” llamó Horton. “¡Sr. Mayor! Debe probar ahora que ustedes de verdad están allí. Llame a una gran reunión. Que asistan todos. Haga que todos los Quién griten. Haga que todos los Quién vociferen. Haga que todos los Quién chillen. Si no lo hace, todos los Quién acabarán en un estofado de beezle-nut. "

Y, abajo en la mota de polvo, el asustado Mayor llamó a una gran reunión en la plaza de la villa de los Quién. Y su gente gritó muy fuerte: "¡Estamos aquí, estamos aquí, estamos aquí, estamos aquí!".

El elefante sonrió: "Eso fue claro como una campana. Ustedes, canguros, seguramente lo escucharon bien"

"Todo lo que escuché", espetó el canguro grande, "fue la brisa y el débil sonido del viento a través de los árboles distantes. No escuché vocecitas. Y tú tampoco". Y el joven canguro en su bolsa dijo "Yo, tampoco".

“¡Atrapenlo!” gritaron. “Y enjaulen a este gran tonto! ¡Aten su estómago con diez millas de soga! Anuden tan fuerte que nunca pueda aflojarse si se sacude, Luego, arrojen esa tonta mota en el jugo de beezle-nut

Horton peleó con gran vigor y empuje pero los de la pandilla Wickersham eran demasiados para él. Lo vencieron. Lo atacaron con rudeza. Comenzaron a arrastrarlo a la jaula. Pero él se las arregló para llamar al Mayor: "No se rinda. Creo en todos ustedes. Una persona es una persona no importa cuán pequeña sea. Y ustedes, personas muy pequeñas, no habrán de morir si se hacen escuchar. Por eso, ¡vamos!, ¡ahora!, ¡INTÉNTENLO!"

El Mayor tomó un tambor y comenzó a golpearlo. Y en toda la villa de los Quién, aullaron haciendo barullo. Hicieron sonar latas. Batieron ollas, tachos de basura y viejas latas de arándanos. Soplaron en bazucas y dieron grandes toques en clarinetes, trombones y trompetas y flautas.

Grandes ráfagas de barullo sonaron alto por el aire y sacudieron todo el cielo. Y el Mayor llamó a través del huracanado jaleo: "Hey, Horton. ¿Cómo está esto? ¿Está llegando nuestro sonido?" 

Y Horton respondió: "Los escucho bien. Pero las orejas de los canguros no son tan fuertes como las mías. ¡No escuchan nada". ¿Está seguro de que todos sus muchachos están haciendo lo mejor que pueden? ¿Están TODOS haciendo ruido?. ¿Está seguro de que cada Quién allí en la villa está trabajando? Rápido, recorra su pueblo. ¿Hay alguien holgazaneando?"

El Mayor se apresuró a través del pueblo de este a oeste. Pero todos parecían estar dando lo mejor de sí. Cada quién parecía estar ladrando y aullando. Todos parecían pitar y chiflar.

Pero todo este alboroto y estruendo no era suficiente. TENÍA que encontrar alguien que lo ayude a hacer más. Corrió por los edificios. Buscó en cada piso. Y, justo cuando pensó no llegaría a ninguna parte, justo cuando estaba por darse por vencido en desesperanza, el Mayor atravesó violentamente una puerta y descubrió al holgazán. Bien escondido en los departamentos Fairfax (departamento 12-J) un holgazán muy pero muy pequeño llamado Jo-jo estaba de pie rebotando un Yo-Yo. ¡No emitía sonido! Ni un pitido. Ni un pío. Y el Mayor se apresuró adentro y tomó al joven tonto. Y trepó con el muchacho a la torre Eiffelberg. "Esta," gritó el Mayor", "es la hora más oscura de tu pueblo. El tiempo de que todos los Quién que tengan sangre roja vengan a la ayuda de este país", dijo, "Tenemos que hacer ruido en grandes cantidades. Así que, abre tu boca, muchacho. Porque cada voz cuenta". Así habló mientras trepaban. Cuando llegaron a la cima, el muchacho se aclaró la garganta y gritó: “Yopp!”

Y ese Yopp… Ese pequeño Yopp extra lo logró. Finalmente, por fin, se escucharon las voces de la mota en el trébol. Sonaron claras y limpias. "Y el elefante sonrió. "¿Ves lo que quiero decir?... Demostraron que SON personas, no importa cuán pequeñas sean. ¡Y el mundo entero fue salvado por el más pequeño de TODOS!” “¡Cuánta verdad! Sí, cuánta verdad,” dijo el canguro grande. “Y, desde ahora en adelante, ¿sabes qué planeo hacer?... ¡De ahora en más, voy a protegerlos contigo!” Y el joven canguro dentro de su bolsa dijo…“¡…YO, TAMBIÉN! Del sol en el verano. De la lluvia cuando sea otoño. Los protegeré. No importa cuán pequeños sean"".