Blog de Literatura - Fomentando la Lectura

domingo, 29 de junio de 2014

Algunas poesías de Alejandra Pizarnik

Buenas a todos. Con esta publicación estoy terminando lo prometido: 10 publicaciones seguidas sobre poesía :D. Repasemos un poco:

1 - Bécquer representando a España y el romanticismo o post-romanticismo español.
2 -  Quevedo, otro español, representando la picaresca, la poesía satírica, en el conceptismo barroco.
3 -  Martí, representando a Cuba y el modernismo.
4 - Basho representando con sus haikus a Japón y la influencia del zen en su cultura.
5 - Dickinson, representante de Estados Unidos y del trascendentalismo o el romanticismo oscuro.
6 - Superveille representando a Francia y Uruguay en un movimiento contrario al surrealismo - podríamos decir "realismo" - aunque también se lo asocia con la vanguardia y otros movimientos.
7 - Mistral, en representación de Chile y el modernismo influenciado por el simbolismo.
8 - Tagore, representante de la India pacifista y humanista.
y 9 - Whitman,  otro estadounidense, representando el realismo filosófico.

Bien, ¿cómo seguir? Me faltaron representantes de muchos países y también habrá quien diga que me faltaron poetas fundamentales, pero lo grave, desde mi punto de vista, es que me faltó un representante ¡de mí propio país!. Así que la publicación final del ciclo debe ser un argentino. Podría elegir a Alfonsina Storni pero ya hablé "algo" sobre ella alguna vez en el blog... lo mismo sucede con Oliverio Girondo y con Leopoldo Lugones... Después de mucho pensar me decidí. La última publicación será sobre Alejandra Pizarnik :D 
Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda, Buenos Aires, en 1936. Se suicidó en 1972. Tenía apenas 36 años. Nunca voy a entender porque lo creativo, la depresión y la baja autoestima parecieran ir de la mano...
Sus obras más destacadas fueron "Árbol de Diana" y "Extracción de la piedra de la locura"
Les traigo aquí 5 poemas. Espero que les gusten. Y con ellos, damos por cerrado el ciclo de poesía. Pero ¡ah!, por cierto, no olviden que además de los poetas seleccionados para esta seguidilla, en el blog encontrarán publicaciones anteriores sobre Lorca, Pessoa, Blake y otros...
 


A la espera de la oscuridad


Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
Perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.



Anillos de ceniza


A Cristina Campo.

Son mis voces cantando
Para que no canten ellos,
Los amordazados grismente en el alba,
Los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
Un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
Una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
Una tribu de palabras mutiladas
Busca asilo en mi garganta
Para que no canten ellos,
Los funestos, los dueños del silencio. 

Árbol de Diana


1

He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
Y he cantado la tristeza de lo que nace.

2

Estas son las versiones que nos propone:
Un agujero, una pared que tiembla...

3

Sólo la sed
El silencio
Ningún encuentro
Cuídate de mí, amor mío
Cuídate de la silenciosa en el desierto
De la viajera con el vaso vacío
Y de la sombra de su sombra.

4

Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
Del tributo para la pequeña olvidada. El frío
Pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.

5

Por un minuto de vida breve
Única de ojos abiertos
Por un minuto de ver
En el cerebro flores pequeñas
Danzando como palabras en la boca de un mudo.

6

Ella se desnuda en el paraíso
De su memoria
Ella desconoce el feroz destino
De sus visiones
Ella tiene miedo de no saber nombrar
Lo que no existe.

7

Salta con la camisa en llamas
De estrella a estrella,
De sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
La que ama al viento.

8

Memoria iluminada, galería donde vaga
La sombra de lo que espero. No es verdad
Que vendrá. No es verdad que no vendrá.

9
A Aurora y Julio Cortázar.
Estos huesos brillando en la noche,
Estas palabras como piedras preciosas
En la garganta viva de un pájaro petrificado,
Este verde muy amado,
Este lila caliente,
Este corazón sólo misterioso.

10

Un viento débil
Lleno de rostros doblados
Que recorto en forma de objetos que amar.

11

Ahora
En esta hora inocente
Yo y la que fui nos sentamos
En el umbral de mi mirada.

12

No más las dulces metamorfosis de una niña de seda
Sonámbula ahora en la cornisa de niebla
Su despertar de mano respirando
De flor que se abre al viento.

13

Explicar con palabras de este mundo
Que partió de mí un barco llevándome.

14

El poema que no digo,
El que no merezco.
Miedo de ser dos
Camino del espejo:
Alguien en mí dormido
Me come y me bebe.

15

Extraño desacostumbrarme
De la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
Oficio de recién llegada.

16

Has construido tu casa
Has emplumado tus pájaros
Has golpeado al viento
Con tus propios huesos
Has terminado sola
Lo que nadie comenzó.

17

Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
Sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
Se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
Lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
Espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
Bres creciendo solos en la noche pálida).

20
 A Laure Bataillon

Dice que no sabe del miedo, de la muerte, del amor
Dice que tiene miedo de la muerte, del amor
Dice que el amor es muerte, es miedo
Dice que la muerte es miedo, es amor
Dice que no sabe.

21

He nacido tanto
Y doblemente sufrido
En la memoria de aquí y de allá.

22

En la noche
Un espejo para la pequeña muerta
Un espejo de cenizas.

23

Una mirada desde la alcantarilla
Puede ser una visión del mundo
La rebelión consiste en mirar una rosa
Hasta pulverizarse los ojos.

32

Zona de plagas donde la dormida come lentamente
Su corazón de medianoche.

33

Alguna vez
Alguna vez tal vez
Me iré sin quedarme
Me iré como quien se va.

34

La pequeña viajera
Moría explicando su muerte
Sabios animales nostálgicos
Visitaban su cuerpo caliente.

35  
A Ester Singer

Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fue-
Go, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
Déjate caer y doler, mi vida.

37

Más allá de cualquier zona prohibida
Hay un espejo para nuestra triste transparencia.

38

Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas
Este canto me desmiente, me amordaza.  

Niña en el jardín


Un claro en el jardín oscuro o un pequeño
Espacio de luz entre hojas negras.
Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años,
Señora de los pájaros celestes
Y de los pájaros rojos.

Al más hermoso le digo:
-Te voy a regalar a no sé quién.
-¿Cómo sabes que le gustaré? -dice.
-Voy a regalarte -digo.
-Nunca tendrás a quién regalar un pájaro -dice el pájaro. 




Sueño


Estallará la isla del recuerdo.
La vida será sólo un acto de candor.
Prisión
Para los días sin retorno.
Mañana
Los monstruos del buque destruirán la playa
Sobre el viento del misterio.
Mañana
La carta desconocida encontrará las manos del alma.

domingo, 22 de junio de 2014

Algunas poesías de Walt Whitman

Tiempo atrás, más precisamente, en Julio del 2013, publiqué "¡Oh, Capitán!, ¡Mi capitán!" por lo que no voy a hacer una presentación extensa sobre Walt Whitman, poeta estadounidense nacido en 1819... De hecho, no tenía pensado publicar poemas de Whitman en esta seguidilla, sin embargo, ayer vi una película que lo mecionaba - ¡cómo me gusta esto de relacionar cine y literatura -. Se trata de "Diario de una pasión" que a su vez está basada en el libro de Nicholas Sparks que compré hace poco... Noah recita Whitman en dos ocasiones en el film y varias veces en el libro. Uno de los poemas que recita dice: 

Nada se pierde ni puede perderse realmente,
ni el nacimiento, la identidad, la forma... ningún objeto del mundo.
Ni la vida, la fuerza, ni cualquier cosa visible...
El cuerpo, lento, anciano y frío, el rescoldo de los primeros fuegos,
arderá otra vez en llamas.

A que merece Whitman una entrada más extensa en el blog... :D
Tengo en mis manos "Hojas de hierba". Seleccioné 5 poesías al azar... No sé si es la mejor selección que puede hacerse pero el azar tiene justamente eso de traernos sorpresas.






Poema 32 de "Canto a mí mismo"



Poema 16 de "Recuerdos del presidente Lincoln. La última vez que florecieron las lilas en el patio"



domingo, 8 de junio de 2014

Algunas poesías de Rabindranath Tagore

Ayer iba a hacer una publicación... Tenía elegido el poeta y todo: Erik Gustaf Geijer, un poeta romántico sueco que mencionan en el libro del sueco Henning Mankell, "El hijo del viento", que estoy leyendo actualmente. Lamentablemente, y para mi frustración, por más que busqué y busqué, no di con ningún poema suyo en español, ni siquiera con el famoso "El vikingo"... Así que antes de seguir adelante con esta publicación, les encargo poemas de Geijer si alguno tiene un libro o sabe de donde bajarlos (si tienen un libro, ¿me escanean algunas poesías para publicar?)
Bien, dicho lo anterior, vamos a la publicación de hoy. 
Gracias a que ayer no encontré nada de Geijer, recordé un libro de Rabindranath Tagore que encontré en la casa de mis abuelos hace un tiempito y que al final nunca leí. Conocí a Tagore gracias una amiga del trabajo que me recomendó "Gora" (1910), otro libro que no consigo... sniff... y cuando vi "El jardinero" en lo de mis abuelos no dudé en tomarlo "prestado". 
Rabindranath Tagore fue, entre otras cosas, un novelista, poeta, pintor, educador y humanista bengalí. Nació en 1861 y murió en 1941 en Calcuta. En 1878 fue enviado por su padres, nobles bengalíes, a Gran Bretaña para estudiar en la universidad. Recuerden que por las fechas, estamos hablando de la India Colonial. Allí eligió formarse en música y literatura. 
En 1912, con la primera guerra mundial, eligió una postura política que ahora no nos sorprende pero que en aquella época sí llamaba la atención: pacifismo exento de nacionalismo. Y, en 1913, recibió el premio nobel de literatura. Fue el primer escritor no europeo en recibirlo.
"El jardinero" se publicó por primera vez en 1913. La edición que tengo fue traducida por Zenobia Comprubí, esposa del poeta español Juan Ramón Jiménez. Dada la dificultad de mantener el ritmo en este tipo de traducciones, se tomaron ciertas licencias y de ser poemas, pasaron a ser prosa. Tomé algunos poemas al azar ya que aún debo explorar este libro, pero fue con la certeza de que lo azaroso jugaría a nuestro favor y que la selección no tendría desperdicio. 
Espero que les gusten.
Ah! Por una cuestión de tiempo, subo imágenes :D

Estampilla postal




Poema 1
  



Poema 3


Poema 6



Poema 12



Poema 31


Poema 45



Poema 63



Y Poema 85... último poema del libro


domingo, 1 de junio de 2014

Algunas poesías de Gabriela Mistral

Tengo la sensación de que por lo general asociamos la poesía - o tal vez, la literatura - con los hombres. Sin embargo, hay, siempre hubo y habrá, poetas mujeres - o poetisas -. Una de ellas fue Gabriela Mistral, seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga.
Gabriela Mistral nació en Chile en 1889. Fue poeta, maestra y cónsul de Chile en Nueva York. Su consagración se dio en 1914 cuando recibió el primer premio en el concurso Juegos Florales por "Sonetos de la Muerte". Para que se comprenda la importancia, Juegos Florales era un concurso muy importante a principios del siglo XX. Obtener el primer lugar en el concurso de literatura daba mucho prestigio.
En 1922, publicó "Desolación", libro considerado su primera obra maestra, y en 1945 ganó el premio nobel de literatura. Falleció en 1957 tras una larga enfermedad.
Hoy comparto con ustedes aquel primer poema suyo que la lanzó a la fama y, para complementar la publicación, algunos poemas de "Desolación".

Gabriela Mistral por Keronetex

Los sonetos de la muerte

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

II

Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el por qué no madura,
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...

III

Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...

Y yo dije al Señor: ?«Por las sendas mortales
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

»¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».

Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!


 El pensador de Rodin
A Laura Rodig

Con el mentón caído sobre la mano ruda,
el Pensador se acuerda que es carne de la huesa,
carne fatal, delante del destino desnuda,
carne que odia la muerte, y tembló de belleza,

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,
y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.
El «de morir tenemos» pasa sobre su frente,
en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores.
Cada surco en la carne se llenara de terrores.
Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

que le llaman en los bronces... Y no hay árbol torcido
de sol en la llanura, ni león de flanco herido,
crispados como este hombre que medita en la muerte


La cruz de Bistolfi 
 
Cruz que ninguno mira y que todos sentimos,
la invisible y la cierta como una ancha montaña:
dormimos sobre ti y sobre ti vivimos;
tus dos brazos nos mecen y tu sombra nos baña.

El amor nos fingió un lecho, pero era
sólo tu garfio vivo y tu leño desnudo.
Creímos que corríamos libres por las praderas
y nunca descendimos de tu apretado nudo.

De toda sangre humana fresco está tu madero,
y sobre ti yo aspiro las llagas de mi padre,
y en el clavo de ensueño que lo llagó, me muero.

¡Mentira que hemos visto las noches y los días!
Estuvimos prendidos, como el hijo a la madre,
a ti, del primer llanto a la última agonía! 


La mujer fuerte 
 
Me acuerdo de tu rostro que se fijó en mis días,
mujer de saya azul y de tostada frente,
que era mi niñez y sobre mi tierra de ambrosía
vi abrir el surco negro en un Abril ardiente.

Alzaba en la taberna, ebrio, la copa impura
el que te apegó un hijo al pecho de azucena,
y bajo ese recuerdo, que te era quemadura,
caía la simiente de tu mano, serena.

Segar te vi en Enero los trigos de tu hijo,
y sin comprender tuve en ti los ojos fijos,
agrandados al par de maravilla y llanto.

Y el lodo de tus pies todavía besara,
porque entre cien mundanas no he encontrado tu cara
¡y aun tu sombra en los surcos la sigo con mi canto
! 

jueves, 29 de mayo de 2014

Algunas poesías de Jules Supervielle

Otro poeta que menciona el libro coreano que les comenté estoy leyendo es Jules Supervielle. Mi ignorancia en poesía es tal que no lo había escuchado nombrar nunca pero el poema incluido en "Primavera helada" me gustó mucho y por eso decidí hacer una publicación sobre él.
Jules Supervielle nació en Uruguay en 1884 y falleció en Francia en 1960. Descubrir que era Uruguayo de nacimiento, y no francés como indica su nombre, me alegró sobremanera. Además de poeta, Jules Supervielle fue novelista. También escribió relatos cortos. Y aunque dicen que su poesía estuvo más influenciada por la latinoamericana que por la europea, siempre escribió en francés... eso me desilusionó un poco... 
Jules Supervielle se educó en Europa pero en 1939, cuando comenzó la segunda guerra mundial, retornó a su Uruguay natal. En 1946, regresó a Francia y allí pasó el resto de sus días.
El primer poema que comparto hoy con ustedes, es el que se encuentra en el libro que estoy leyendo. Por lo que veo, es una traducción hecha sólo para esa novela - no lo encontré en internet al menos con esta traducción -. El resto los tomé de distintos sitios de internet. No me fue fácil encontrar sus poemas... Aparentemente, no ha sido tan publicado en español como yo esperaba.




Detrás de tres paredes y dos puertas
nunca piensas en mí.
Mas ni la piedra ni el calor ni el frío,
ni siquiera tú puedes impedir
que te cree y recree
a mi antojo, en mi interior
igual que las estaciones crean bosques 
sobre la superficie de la tierra.


Un Poeta

Yo no voy siempre solo al fondo de mi mismo
Sino que a veces llevo a otros seres conmigo.
Los que hayan entrado en mis frías cavernas,
¿Están seguros de salir aunque sólo un momento?
Yo acumulo en mi noche, como un barco que se hunde,
Sin distingo, el pasaje y la tripulación,
Y dejo a los ojos sin luz, y en los camarotes
Hago amistad con quienes gustan de lo profundo.




Todavía tembloroso
Bajo la piel de las tinieblas
Todas las mañanas debo
Recomponer a un hombre
Con toda esa mezcla
De mis días anteriores
Y lo poco que me queda
De mis días por venir.
Heme aquí todo entero,
Voy hacia la ventana.
Luz de este día,
Vengo del fondo de los tiempos,
Respeta con delicadeza
Mis minutos oscuros,
Déjame un poco todavía
De lo que tengo de nocturno,
De estrellado por adentro
Y de listo para morir
Bajo el sol ascendente
Que no para de crecer.
El Retrato

Me inclino sobre la fuente donde nace tu silencio
en un reflejo de hojas que tu alma hace temblar.
Sobre tu fotografía.

Puede ser que quede aún
una uña de tus manos entre las uñas de mis manos,
una de tus pestañas mezcladas con las mías,
uno de tus latidos extraviados entre los latidos de mi corazón.
 


Asir
Asir, asir la tarde, la manzana y la estatua.
Asir la sombra, el muro y el final de la calle.

Asir el cuello, el pie de la mujer tendida.
Y luego abrir las manos. ¡Cuántos pájaros sueltos!

Cuántos perdidos pájaros convertidos en calle.
En sombra, muro, tarde, en manzana y estatua.
 
 

Plegaria al desconocido

He aquí que me sorprendo hablándote, Dios mío,
yo, que no sé todavía si existes
ni comprendo la lengua de tus iglesias susurrantes.
Miro los altares, la bóveda de tu casa
como quien dice simplemente: “Esto es madera, esto es piedra,
aquéllas son columnas románicas, le falta la nariz a ese santo,
y adentro como afuera hay un mismo desamparo entre los hombres”.
Bajo los ojos sin poder arrodillarme durante la misa
como si dejara pasar una tormenta sobre mi cabeza
y no puedo evitar el pensar siempre en otra cosa.
Me pasaré la vida pensando en otra cosa,
y esa otra cosa soy yo, tal vez mi yo verdadero:
es allí donde me refugio, y tal vez sea allí donde tú estás,
creo que nunca podré vivir sino en esas lejanías que me seducen.
El momento presente es un regalo que no he sabido aprovechar,
no sé bien cómo se usa, lo volteo para un lado y para el otro
y no logro que funcione su difícil mecanismo.
No creo en ti, Dios mío, pero quisiera hablarte a pesar de todo;
he hablado con las estrellas aunque las sepa sin vida,
con los más humildes de los animales aunque los sepa sin respuesta,
con los árboles que, sin el viento, serían mudos como la tumba.
Y me he hablado a mí mismo aunque no estoy seguro del todo de que existo.
No sé si oyes nuestras plegarias, las plegarias de los hombres,
no sé si tienes ganas de escucharlas,
no sé si tienes como nosotros un corazón en alerta continua
y oídos siempre abiertos a las noticias más diversas.
No sé si te gusta mirar por aquí.
Pero querría recordarte a tu planeta la Tierra,
con sus flores, sus guijarros, sus jardines y sus casas.
Con todos sus seres; con nosotros que sufrimos y lo sabemos.
Querría dirigirte cuanto antes estas humildes palabras humanas
porque cada cual debe tentar ahora lo imposible
aun si no eres más que un soplo de hace millares de años,
una gran velocidad adquirida, una melancolía durable
que hace aún girar a las esferas en su melodía.
Querría, Dios sin rostro y tal vez sin esperanza,
que prestaras toda tu atención, entre tantos cielos vagabunda,
a los hombres que nunca pueden darse un respiro en el planeta.
Escúchame, corre prisa: todos van a desalentarse
y ya no podremos distinguir a los jóvenes de los viejos.
Cada mañana se preguntan si la matanza va a comenzar.
Por todas partes se preparan extraños distribuidores
de sangre, de quejidos y de lágrimas.
Se preguntan si los trigos no esconden ya fusiles.
¿Se acabó el tiempo en que podías ocuparte de los hombres?
¿Te llaman de otros mundos, médico de consulta
que sin saber por dónde empezar deja morir a su clientela?
Escúchame, no soy más que un hombre entre tantos otros:
el alma está a gusto en el cuerpo, el alma no quiere escaparen un estallido de bomba;
el alma es para nosotros una caricia, un secreto halago.
Déjanos respirar sin pensar en nuevos venenos,
déjanos mirar a nuestros niños sin pensar todo el tiempo en la muerte.
No estamos para batallas, para generales.
Déjanos nuestro ir y venir de rebaño entre cencerros
y olor a leche que se mezcla al olor de la hierba espesa.
Ah, si existes, mi Dios, mira de nuestro lado,
ven y descansa un rato entre nosotros, la Tierra es hermosa con sus árboles,
sus ríos y sus estanques, tan hermosa que uno diría
que la añoras un poco.
No te vayas a hacer el sordo una vez más
ni a sentirte conmigo, Dios, si te tuteo,
si te hablo con tan abrupta simplicidad:
creería menos que en cualquier otro en un Dios que aterrorizara;
y tú, más que por el rayo, sabes expresarte por las briznas de hierba
y los ojos del agua y los juegos de los niños,
lo cual no impide que haya océanos y cadenas de montañas.
No puedes ofenderte porque te digo lo que pienso,
porque reflexiono como puedo sobre el hombre y su existencia
con la franqueza de la tierra y de las diversas estaciones
y tal vez con tu franqueza cuyas lecciones ignoro.
No me faltan disculpas, consiente en aceptar mis pobres sutilezas,
tantas cosas se preparan solapadamente contra nosotros
que, por mucho que hagamos, tememos siempre que nos sorprendan desprevenidos,
tememos ser como el toro que no comprende qué sucede:
lo llevan al matadero, no sabe adónde va,
y justo antes de recibir el golpe mortal sobre la frente
se repite que tiene hambre, y pastaría de buena gana,
¿pero qué pasa con esa gente de delantales llenos de sangre
para que así se empeñen todos en atenderlo esta mañana?

lunes, 26 de mayo de 2014

Algunas poesías de Emily Dickinson

Estoy leyendo una novela coreana, "Primavera helada". En ella hay un personaje, Dan, apasionado por los poemas de Emily Dickinson, y otro personaje, Mi-ru, que también la admira y por eso ha llamado a su gata Emily. Pienso que quien realmente adora a Emily Dickinson es la autora de la novela: Kyung - Sook Shin... pero, como sea, me dio ganas de leer a Dickinson. Por eso la publicación de poesía que sigue es sobre ella.
Emily Elizabeth Dickinson nació en Estados Unidos de América en 1830. Vivió una vida de reclusión y sus poemas no fueron famosos hasta después de su muerte. Hoy la consideramos representante indiscutible de la poesía norteamericana, pero, lamentablemente, Emily no pudo disfrutar de los aplausos en vida. Vaya una a saber si fue por timidez, vergüenza o miedo al rechazo, pero Emily mantuvo oculta su obra y recién fue descubierta, compilada y publicada por su hermana mayor cuando ya había fallecido.
Elegí cinco poesías para compartir con ustedes. Espero que sean de su agrado. 



Cualquiera que desencante

Cualquiera que desencante
A un solo ser humano
Por traición o por irreverencia
Es culpable de todo.

Inocente como un pájaro,
Gráfico como una estrella
Hasta una sugestión siniestra
Que las cosas no son lo que son.
 
 
 
No era la muerte, pues yo estaba de pie

No era la muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche.

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.
 
 
 
El corazón pide placer primero

El corazón pide placer primero,
Luego excusa del dolor,
Luego los pequeños detalles
Que matan el dolor.

Luego irse a dormir,
Y luego, si tiene que ser
El deseo de su inquisidor,
El privilegio de morir.


Que yo siempre amé

De que yo siempre amé
Te traigo la prueba,
Que hasta que amé
Yo nunca viví bastante.

Que yo amaré siempre
Te lo discutiré,
Que amor es vida
Y vida inmortalidad;

Esto, si lo dudas, querido,
Entonces yo ya no tengo nada que mostrar
Salvo el calvario.


Ningún cepo puede torturar mi alma en libertad

Ningún cepo puede torturar
Mi alma en libertad,
Pues detrás de este esqueleto mortal
Se teje uno de más valor.

No puedes horadar con un serrucho
Ni traspasar con una cimitarra
Dos cuerpos, por lo tanto perdura,
Amarra uno y el otro vuela libre.

El águila no se despoja
De su nido y, sin embargo,
Gana el cielo
Más fácilmente que tú.

Excepto tú mismo tal vez nadie pueda ser
Tu enemigo,
Cautividad es conciencia
Y también es libertad.
 

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar,
Sólo mi amordazada boca puede decirlo,
Ensaya, trata de mover este horrible remache,
Ensaya, levanta si puedes aldabas de acero.

Acaricia la fría frente, antes ardiente,
Levanta si quieres el deslucido cabello,
Palpa los adamantinos dedos
Que ya nunca usarán dedal.

 

domingo, 25 de mayo de 2014

Algunos haikus de Matsuo Basho - Poesía japonesa

He estado un tanto ausente debido a la carga de trabajo y el hecho de que estoy de guardia pero trataré de retomar la publicación de poesía.
Hoy, en un momento de ocio, estaba viendo por n-ésima vez una peli que me encanta basada en un libro que adoré: "Memorias de una Geisha". El autor del libro homónimo es Arthur Golden pero ya me estoy yendo por las ramas. El punto es que al ver la película recordé un libro llamado "Budismo Zen" de Daisetz T. Suzuki en el cual se nos cuenta como fue que el Budismo llegó a Japón y se mezcló con su cultura llegando a ser lo que hoy llamamos Budismo Zen. La cuestión es que la influencia fue tal que también llegó a todas las formas de arte, incluida la literatura. El haiku, la más breve forma de expresión poética japonesa, si bien no se originó gracias al zen, fue utilizado como medio para difundirlo. El poeta componía gracias a la contemplación y la meditación.

Furuike-ya!
Kawazu tobi-komu
Mizu-no oto!

(¡Oh, viejo estanque!
Salta una rana,
¡El ruido del agua!)

Este haiku pertenece a Matsuo Basho, un poeta y monje budista japonés del siglo XVII. Al respecto Suzuki nos dice: "En su sentido literal, esto no es más que la simple constatación de un hecho. Hay un viejo estanque (...). El agua del manantial (...). Una pequeña rana verde sale de la hierba y salta hacia el agua, originando una serie de ondas que se expanden hasta llegar a la orilla. La pequeña rana no pudo hacer demasiado ruido al entrar en el agua. Pero, dada la tranquilidad reinante en el entorno, no podía pasar inadvertida para Basho, que, sin duda, se encontraba absorto en una profunda contemplación de la naturaleza. Por débil que el sonido pueda haber sido, fue suficiente para sacarle de su meditación. Así lo hizo constar por escrito en las diecisiete sílabas del haiku que brotaron de su conciencia. (...) Pero es preciso subrayar una importante observación y es que, para Basho, el poeta y vidente (o místico), el valor del estanque no procede de ninguna fuente exterior, sino del estanque mismo. O, más exactamente, el propio estanque es en sí mismo el valor. El estanque no se hizo significativo para Basho debido a la valoración de su relación con algún objeto externo. Por decirlo con otras palabras: el salto de la rana en el estanque que produciendo salpicaduras y ruido de agua, fue la ocasión - intelectual, dual u objetivamente hablando - para que Basho comprendiera que él era el estanque y el estanque era él y todo valor contenido en esa identificación en sí misma. (...) En ese momento en que reconoció el hecho, éste se hizo en sí mismo significativo.(...) Pero mejor sería expresar la misma idea de otra forma: ningún, así llamado, mundo objetivo con ranas, estanques etcétera, existía en absoluto hasta el día en que una persona llamada Basho apareció repentinamente en escena y escuchó el ruido del agua."
¿La compliqué mucho con la explicación de Suzuki? En fin, lo que hay que rescatar es que el haiku va más allá de lo literario, yo diría que está más bien relacionado con lo filosófico (ya sé que "filosofía" aplica sólo a los griegos pero permítanmelo). ¡Y cuanto hay que se atreve a decir que escribe haikus por el simple hecho de respetar la cantidad de moras (o sílabas...)!
Tomé a Basho como representante del haiku japonés y busqué algunos de sus trabajos. Espero que les gusten.

Basho por Katsushika Hokusai (1760-1849)


kono michi wa
yuku hito nashi ni
aki no kure


Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo
.



asagao ni
ware wa meshi kuu
otoko kana

Soy un hombre
que come su arroz
ante la flor de asagao.
 

hitotsu ya ni
yuujo mo netari
hagi to tsuki


Bajo un mismo techo
durmieron las cortesanas,
la luna y el trébol.

shirageshi ni
hane mogu choo no
katami kana


Como recuerdo,
a una amapola
deja sus alas la mariposa 

omokage ya
oba hitori naku
tsuki no tomo

Visión en sombras.
Llora una anciana sola,
la luna como amiga. 

nozarashi wo
kokoro ni kaze no
shimu mi kana

Expuesto a la intemperie y resignado, 
el frío... ¡cómo corta
mi cuerpo!

 nozarashi o
kokoro ni kaze no
shimu mi kana

A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.

shizukasa ya
iwa ni shimiiru
semi no koe

Todo en calma.
Penetra en las rocas
la voz de la cigarra.

tabi ni yande
yume wa kareno wo
kakemeguru

Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.







sábado, 17 de mayo de 2014

¡Segundo Aniversario de Cuentos Mágicos!

Y crease o no, el blog cumplió dos añitos... 



El año pasado lo tuve bien presente y dediqué la entrada ¡Primer Aniversario de Cuentos Mágicos! Este año, en cambio, ¡no se me ocurre qué decir!. Mi rutina ha cambiado mucho en este último año y ya no tengo tanta energía como antes para llevar adelante un blog. Editar una entrada, buscar lecturas, lleva tiempo y me suele ganar el cansancio. Por ello, me sucede con frecuencia que dudo acerca de seguir adelante con el blog. Sin embargo, aquí estoy... y aquí siguen también muchos de ustedes. Algunos están desde el principio, otros se han sumado en los últimos meses, pero están y es lo que importa.

¡Gracias por seguir por aquí!  ¿Llegaremos al tercero? :D

Algunas poesías de José Martí

El poeta de hoy fue sugerido por mi viejo: José Martí. En realidad, él me sugirió un poema: "La Niña de Guatemala". Tras "La niña de Guatemala" hay una historia, según me dice, y pego textual el mensaje que me dejó en facebook:

"Poema de Jose Marti, el gran poeta, patriota, padre de la libertad y político Cubano, dedicado a una joven Guatemalteca, hija de un ex Presidente de ese País, que estaba enamorada de él, circunstancia de la que se entero cuando él se estaba casando con una joven mejicana que era su prometida desde hacía varios años"
 José Martí nació en cuba en 1853 y falleció en combate...  tenía sólo 42 años. Fue político, filósofo, escritor, poeta... Sus obras de poesía más conocidas son, tal vez, "Ismaelillo" (1882) y "Versos sencillos" (1891) así que tomé la sugerencia de mi papá y le sumé algunos poemas más. Espero que les gusten.
Por cierto, "La niña de Guatemala" pertenece a "Versos sencillos"


Encontré esta pintura sobre José Martí en internet, lamenteablemente no figuraba el autor como para darle crédito pero ¡me encanta!

La Niña de Guatemala (Poesía IX)

Quiero, a la sombra de un ala, 
Contar este cuento en flor:
 La niña de Guatemala,
 La que se murió de amor. 

Eran de lirios los ramos, 
Y las orlas de reseda 
Y de jazmín: la enterramos
En una caja de seda. 

...Ella dio al desmemoriado 
Una almohadilla de olor: 
El volvió, volvió casado: 
 Ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas 
 Obispos y embajadores: 
Detrás iba el pueblo en tandas, 
Todo cargado de flores. 

...Ella, por volverlo a ver, 
Salió a verlo al mirador: 
 El volvió con su mujer: 
Ella se murió de amor. 

Como de bronce candente 
 Al beso de despedida 
 Era su frente ¡la frente 
 Que más he amado en mi vida! 

...Se entró de tarde en el río, 
 La sacó muerta el doctor:
 Dicen que murió de frío: 
Yo sé que murió de amor. 

Allí, en la bóveda helada, 
La pusieron en dos bancos: 
Besé su mano afilada, 
Besé sus zapatos blancos. 

Callado, al oscurecer, 
Me llamó el enterrador: 
¡Nunca más he vuelto a ver 
A la que murió de amor!


Sueño Despierto

Yo sueño con los ojos
Abiertos, y de día
Y noche siempre sueño.
Y sobre las espumas
Del ancho mar revuelto,
Y por entre las crespas
Arenas del desierto,
Y del león pujante,
Monarca de mi pecho,
Montado alegremente
Sobre el sumiso cuello.
Un niño que me llama
Flotando siempre veo!
 


Rosilla nueva
 
¡Traidor! ¿Con qué arma de oro
Me has cautivado?
Pues yo tengo coraza
De hierro áspero.
Hiela el dolor: el pecho
Trueca en peñasco.

Y así como la nieve,
Del Sol al blando
Rayo, suelta el magnífico
Manto plateado,
Y salta en hilo alegre
Al valle pálido,
Y las rosillas nuevas
Riega magnánimo;
Así, guerrero fúlgido,
Roto a tu paso,
Humildoso y alegre
Rueda el peñasco;
Y cual lebrel sumiso
Busca saltando
A la rosilla nueva
Del valle pálido.


Poesía XXXIV 

¡Penas! ¿Quién osa decir
Que tengo yo penas? Luego,
Después del rayo, y del fuego,
Tendré tiempo de sufrir.

Yo sé de un pesar profundo
Entre las penas sin nombres:
¡La esclavitud de los hombres
Es la gran pena del mundo!

Hay montes, y hay que subir
Los montes altos; ¡después
Veremos, alma, quién es
Quien te me ha puesto al morir!



Poesía XLV

Sueño con claustros de mármol
Donde en silencio divino
Los héroes, de pie, reposan:
¡De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran:
¡Vibra la espada en la vaina!
Mudo, les beso la mano.

¡Hablo con ellos, de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un mármol: “¡Oh mármol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus dueños!
¡Que hablan la lengua podrida
De sus rufianes! ¡Que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!
!Que pierden en lengua inútil
El último fuego! ¡Dicen,
Oh mármol, mármol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!”

Echame en tierra de un bote
El héroe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, ¡el brazo le luca
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: ¡del soclo
Saltan los hombres de mármol!