Blog de Literatura - Fomentando la Lectura

sábado, 7 de julio de 2012

El pozo mágico - Los hermanos Grimm

Cuando era chica se editaba la colección "Había una vez". Eran unos libritos de pocas páginas, un cuento por librito, que se conseguían en los kioscos y revisteros. Mi papá solía comprarnos cada publicación ni bien salían a la venta. De todos esos libritos, el único que encontré de momento - y que tal vez sea el único que haya sobrevivido a numerosas lecturas y cambios de casa - es "El pozo mágico", cuento de los hermanos Grimm, un clásico donde se conjugan una niña bella, buena y trabajadora con una madrastra y hermanastra feas y perezosas (no podía ser de otra manera), un pozo de agua que lleva a otro mundo, y una anciana de largos colmillos.



EL POZO MÁGICO

Había una vez una viuda que tenía dos hijas. Las dos niñas eran muy distintas, y así como Hilda era trabajadora y hermosa, Alda era fea y perezosa. Aunque parezca mentira, la madre quería más a la hija perezosa, y quizá fuera porque, según decía, Hilda no era verdaderamente su hija.

Hilda salía todas las mañanas, desde muy temprano, a ocuparse del cultivo de la huerta, del cuidado de los animales, y de todas las faenas del campo, y además, cumplía también con los quehaceres de la casa, barriendo, cocinando y tejiendo su huso.

Un día que estaba sentada junto al pozo, hila que te hila, trabajó tanto que empezó a salirle sangre de los dedos y se le manchó el huso. Afligida, quiso limpiarlo, y al inclinarse sobre el brocal para meterlo en el agua, el huso resbaló de sus manos, perdiéndose en la profundidad del pozo.

¡Cómo lloró Hilda! No había manera de recuperar el huso perdido, y además, iba a ser necesario decírselo a su madrastra.

 La mujer se enojó mucho, reprochándole su torpeza:

- Si has sido tan tonta como para dejar caer el huso al pozo, tú misma tendrás que hallar el medio de sacarlo de ahí.

La afligida niña volvió junto al pozo pero al inclinarse demasiado, cayó al agua. Al llegar al fondo del pozo se desmayó. Cuando abrió los ojos se halló en un lugar maravilloso: un prado verde cubierto por flores de los más hermosos colores.

Llena de asombro y alegría se puso a caminar y llegó frente a una casita por cuya chimenea salía abundante humo. Era la casa del panadero y el horno estaba lleno de panes, los que al ver a la niña comenzaron a gritar:

- ¡Ya estamos bien cocidos! ¡Sácanos de aquí o nos quemaremos!

Y la bondadosa Hilda, compadecida de los panes que se quemaban, los sacó del horno.

Siguió la niña su camino, sin cansarse de mirar todas las cosas hermosas que habían en el lugar, y llegó hasta un sitio donde crecía un frondoso manzano. Sus ramas estaban tan cargadas de frutos, que debido al peso se inclinaban hasta tocar el suelo. Al ver llegar a la niña, el manzano se puso a gritar:

- ¡Mis ramas están demasiado cargadas y mis frutos ya están maduros! ¡Sacúdeme para que caigan!

Hilda se aproximó al árbol y sacudió con fuerza las ramas. Las manzanas maduras cayeron a su alrededor y el manzano, aliviado de aquel peso, volvió a erguir sus ramas hacia el cielo.

Continuó la niña su paseo y así llegó hasta la casita de una anciana. La vieja señora estaba sentada a la puerta y cuando la niña estuvo cerca, advirtió que los dientes de la viejecilla eran tan largos que le asomaban por entre los labios. Asustada quiso alejarse del lugar, pero la anciana la llamó con voz suave y tierna.

- No te vayas, pequeña - le dijo -. No tengas miedo de mí. Me gustaría mucho que te quedaras a vivir conmigo. Me ayudarás a tener la casa limpia y en orden, y en premio a tu trabajo, ya encontraré yo la forma de darte una recompensa. Lo que más necesito es que sepas hacerme bien la cama, mullendo los colchones, para que las plumas vuelen como la nieve sobre la tierra. Quédate con la "vieja Madre Escarcha". 

La anciana hablaba con tanta bondad que Hilda ya no tuvo miedo y se quedó a vivir con ella. Era feliz en aquella casa, realizando los trabajos domésticos que antes hiciera en la suya. Pero ya no tenía que oír continuas quejas y rezongos, sino palabras de alabanza para su tarea. Y sobre todo, aprendió a mullir muy bien los colchones, de tal manera que las plumitas blancas volaban sobre la tierra como finos copos de nieva. Pero pasó el tiempo y la pequeña comenzó a extrañar a su familia.

- Estoy muy contenta contigo - le dijo un día a la anciana -, pero quisiera volver a ver a mi madre.

- Como tú quieras - respondió la anciana -. Has sido muy buena y haré lo que desees. Yo misma te llevaría. Pero antes, ven...

Condujo a la niña junto a una gran puerta, y al hacerla girar sobre sus goznes, cayó sobre Hilda una lluvia de monedas de oro que se pegaron a su ropa.

- Todo esto te lo doy porque has sido buena y trabajadora - le dijo la viejecilla.

Después, la vieja Madre Escarcha cerró la puerta y la niña, con el asombro que es de imaginarse, vio que estaba muy cerca de la casa de su madrastra.

Cuando abrió el pequeño portón de troncos, las aves del corral se alborotaron y el gallo se puso a cantar, desde lo alto del tejado:

¡Kikirikí! ¡Kikirikí!
La pequeña de oro
ha llegado aquí.

Al opirlo, salieron de la casa la madre y la hermana, y al ver a la niña la abrazaron, muy contentas de su regreso pues hacía mucha falta en la casa.

En seguida advirtieron que estaba cubierta de monedas de oro, y la persiguieron con preguntas.

Hilda hizo el relato de su aventura y al enterarse, no tardó la madre en pensar que también su hija podría lograr lo mismo. Con ese fin, hizo que Alda se sentase todos los días junto al pozo, hila que te hila, en el viejo huso, hasta que los dedos le sangraron de tanto trabajar.

Luego arrojó el huso al pozo y obligó a su hija a que fuera a buscarlo.

Igual que Hilda, despertó la pequeña perezosa en el verde prado y comenzó a andar por el camino que siguiera su hermanita.

Al llegar a la casa del panadero, los panes que se cocían en el horno se pusieron a gritar:

- ¡Ya estamos bien cocidos! ¡Sácanos de aquí o nos quemaremos!

Pero Alda, que vio que eran muchos panes y que la pala era muy pesada, no tuvo ganas de detenerse, y sin hacer caso del lamento de los panes, siguió su camino.

Así llegó hasta el lugar donde crecía el manzano agobiado por el peso de sus frutos, el que al ver a la niña se puso a gritar:

- ¡Mis rarmas están demasiado cargadas y mis frutos ya están maduros! ¡Sacúdeme para que caigan!

Alda lo miró y al ver que las ramas eran tantas y las manzanas tan abundantes, pensó que le iba a dar mucho trabajo conseguir que cayeran todas.

Y siguió su camino. Anduvo un buen rato, hasta que alcanzó a ver la casita de la vieja Madre Escarcha, que también estaba sentada junto a la puerta.

Alda no se asustó de los dientes de la anciana, porque ya se lo había advertido su hermana y cuando la anciana le pidió que se quedara con ella y la ayudara a hacer los trabajos de la casa, aceptó encantada, pensando que tendría igual recompensa.

Pero era demasiado perezosa y estaba tan acostumbrada a no hacer nada, que cada día el trabajo se le hacía más pesado. Empezó a levantarse cada vez más tarde, dejaba las cosas por hacer y como lo que más le fastidiaba era mullir los colchones, dejó por completo de hacer las camas. De esta manera, ya no volvieron a volar las blancas plumas como copos de nieve...

Un día, la vieja Madre Escarcha no puso consentir más aquel estado de cosas y le dijo:

- Ya no necesito más de tus servicios. Cuando quieras, puedes irte.

Alda se puso muy contenta. ¡Por fin llegaba el momento de la recompensa!

La anciana la llevó hasta la gran puerta, la hizo girar, pero en lugar de caer una lluvia de monedas de oro, cayó sobre la niña un chorro de alquitrán. La puerta volvió a cerrarse y Alda se encontró muy cerca de su casa... Cuando abrió el portoncito, el gallinero se alborotó y el gallo saltó al tejado, gritando:

¡Kikirikí! ¡Kikirikí!
La pequeña negra
ha llegado aquí

Pero Alda había aprendido la lección y ante los lamentos de su madre, ella misma le hizo comprender que toda la culpa era suya. En adelante fue una niña buena y trabajadora.


4 comentarios:

  1. LOS ADULTOS NO NOS PERMITIMOS VOLVER RESTROSPECTIVAMENTE A LEER CUENTOS INFANTILES, ESTAMOS TAN OCUPADOS CON TRABAJOS, QUEHACERES, COMPRAS, VAMOS COMO ALOCADOS DE ACÁ PARA ALLÁ, NOS OLVIDAMOS DEL PLACER DE VOLVER A LEER ESTAS NARRACIONES LLENAS DE ENSEÑANZAS Y MORALEJAS.
    ME VEO 40 Y TANTOS AÑOS ATRÁS, EN ESA CASA VIEJA DE LA CALLE VARELA, EN EL BARRIO DE FLORES, DONDE TRANSCURRIÓ MI NIÑEZ, EN EL FONDO SENTADA SOBRE UN BANCO DE MADERA CON UN GRAN VASO DE LECHE FRESCA Y VAINILLAS LEYENDO ESTO. MI PELO CON TRENZAS Y ACOMPAÑADA POR EL TRINO DE LOS DISTINTOS PAJARITOS DEL GRAN JAULÓN.
    GRACIAS HERMANOS GRIM......POR UN MOMENTO FUI DE NUEVO FELIZ. ALLA LEJOS EN EL TIEMPO DONDE MI NIÑEZ ERA MI COTIDIANIDAD, DONDE EXISTÍAN MIS PADRES, MI ABUELA MIS AMIGOS, MI FAMILIA, QUE YA NO ESTAN.

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  2. Me encantó tu blog , estoy en un desafío de lectura de cuentos de hadas.Yo tengo este mismo cuento en mis manos, mi madre me compraba esa colección y yo después le compre algunos a mi hija. Seguiré tu blog veo que tienes muchísimas lindas publicaciones para leer , hermoso tu trabajo.

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    1. Muchas gracias. Estamos en contacto. Aquí encontrarás de todo un poco. Algunos son para niños, otros no. Hay cuentos, poemas y también algunas novelas completas. Me alegra que te guste

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